ISRAEL
EL PUEBLO ELEGIDO


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El Nuevo Testamento


Premisa

Es costumbre común entre los cristianos comenzar a leer la Biblia empezando por el Nuevo Testamento – luego, cuando leen las Escrituras Hebraicas las interpretan en base a sus ideas preconcebidas elaboradas según como han percibido el mensaje evangélico. En efecto, de la lectura del sólo Nuevo Testamento es poco lo que llegan a entender sobre quiénes son los Judíos, quién es Israel, y cuál es el plan de Elohim para estas comunidades (que generalmente son identificadas como una sola). En cambio, se debe proceder en el modo exactamente inverso: primero se deben leer las Escrituras Hebraicas, que son aquellas que existían en el tiempo de Yeshua y de los apóstoles y que los primeros discípulos leían para instruirse. El Nuevo Testamento debe ser interpretado según los fundamentos puestos en las Escrituras precedentes, no viceversa! En el mismo modo, si alguien piensa comenzar a leer este estudio partiendo desde aquí, porque está escrito “Nuevo Testamento”, debe saber que no entenderá mucho si no ha leído la primera parte, o sea, aquella que concierne a las Escrituras Hebraicas.

El hecho de que existe un Nuevo Testamento no implica que el Pacto precedente sea un “Antiguo Testamento”, por lo tanto, tal término no será usado en este estudio. El modo correcto de denominarlo es, como está escrito en el mismo Evangelio, “las Escrituras” (Mateo 21:42; 22:29; 26:54,56; Marcos 12:24; 14:49; Lucas 24:27,32,45; Yohanan 5:39; 7:15), y en este estudio se usarán los términos correctos, o sea “Escrituras”, o “Escrituras Hebraicas”, “TaNaKh” o “Biblia Hebraica”.

Asimismo, cuando en este estudio leemos la palabra “judaísmo” nos referimos al judaísmo antiguo, el que existía en el periodo anterior a la destrucción de Jerusalem en el año 70 EC. Posteriormente hubo transformaciones significativas, durante la composición del Talmud de Babilonia y sucesivamente, hasta llegar al judaísmo actual. Hubo una involución tal, que si hoy se presentara Mosheh no entendería la halajáh, ni sabría a qué se refiere la “Torah oral”… y no sólo Mosheh, también Maimónides quedaría “perplejo”, sin comprender de qué se trata el judaísmo moderno. Por lo tanto, si en alguna ocasión queremos indicar el judaísmo como lo conocemos en la actualidad, esto será especificado.

En cuanto a la identificación moderna de algunos grupos llamados “mesiánicos” que provienen del cristianismo (y que no son Judíos), nos distanciamos de sus prácticas, las cuales imitan al judaísmo actual –por ejemplo, el uso de la kippah, que no tiene origen en las Escrituras y es una usanza tardía, inexistente en tiempos bíblicos, y otras características similares que si bien no son en sí negativas, tampoco tienen un fundamento escritural que las prescriba–. Por una cuestión de coherencia, aquellos que rechazan la llamada “Torah oral” del judaísmo moderno, no deberían adoptar las costumbres que pertenecen precisamente a esa Torah oral, sino más bien atenerse a la verdadera Torah oral, la que estaba vigente en la época anterior a la destrucción del Templo, y no a las discusiones rabínicas que se agregaron durante la diáspora y pasaron a substituir a las mismas Escrituras.

Por último, sostenemos que la Torah es universal, para todas las naciones, y no sólo para Israel. La Torah fue dada en Sinaí, fuera de Eretz Yisrael, y según la propia tradición judía, fue promulgada en todas las lenguas de la tierra, para todos los pueblos, naciones y lenguas. El judaísmo actual promueve para los gentiles las llamadas “leyes noájidas”, las cuales no tienen fundamento escritural, sino que son de hecho una “religión para los gentiles inventada por los Judíos”, son leyes en algunos aspectos contrarias a la Torah (explícitamente o por omisión), que invitan a los gentiles a desobedecer la única Ley que HaShem ha dado para la humanidad, que es la Torah escrita.
Rabban Hillel dijo: «Amad a la humanidad y llevadle la Torah» (Avot 1:12).


Introducción

La situación que encontramos en el Nuevo Testamento es notablemente diversa de aquella que hemos dejado en el último periodo de las Escrituras, o sea, en tiempos de Ezra y Nehemyah (Esdras y Nehemías).
Durante el periodo de tiempo intermedio sucedieron cambios ya sea al interno de la sociedad hebraica que a nivel global: está el Imperio Romano, del cual la Judea es una provincia. En el ámbito interno, hay tres pueblos que provienen del antiguo Israel:
* Los Judíos, o sea, la Casa de Judá;
* Los Galileos, residuo mixto de pocos representantes de la Casa de Israel que eligieron retornar con los Judíos, pero étnicamente mezclados con gentiles; los Galileos observaban la Torah y las reglas del judaísmo, por lo cual eran aceptados por los Judíos -como lo eran también los gentiles convertidos al judaísmo-;
* Los Samaritanos, pueblo similar al precedente desde el punto de vista étnico, descendientes de aquellos de la Casa de Israel que el rey de Asiria mandó de regreso y se mezclaron con los gentiles que habían sido deportados a su vez en Samaria (2 Reyes 17:27-28), pero no siendo profesantes del judaísmo eran considerados gentiles y evitados por los Judíos. Los samaritanos no aceptaban todas las Escrituras, sino sólo los cinco libros de Moisés.
En este contexto se desarrollan los hechos narrados en el Nuevo Testamento. Sin embargo, antes de estudiar el texto escrito es necesario considerar otros elementos de fundamental importancia.


Saduceos, Fariseos y... Esenios

En aquellos tiempos estaba el Templo en Jerusalem, pero en él no habitaba la Shekhinah como en el primer Templo. En el llamado “periodo intertestamentario”, en el ambiente judaico se habían desarrollado diversos movimientos, ya sea de tipo teológico que político, de los cuales haremos un resumen breve porque no es el estudio sobre éstos que nos interesa en este lugar, sin embargo es necesario conocer algunas informaciones inherentes a su relación con el origen del cristianismo. Los más importantes de estos movimientos, los cuales tienen a grandes rasgos equivalentes en nuestros tiempos, eran:
* Los saduceos, junto con una secta de los mismos, los boethusianos (llamados también herodianos); a los cuales se pueden corresponder hoy, en parte, los karaítas;
* Los fariseos, de los cuales proviene el judaísmo rabínico;
* Los esenios, movimiento místico similar en muchos aspectos al judaísmo jasídico, a los kabalistas, y también a algunos ambientes judeo-mesiánicos;
* Los zelotes, un movimiento no particularmente religioso, hoy serían llamados “sionistas”.
La coexistencia de estos grupos evidencia que el judaísmo del período del Segundo Templo era diferente y más amplio que el actual. Todos ellos eran considerados Judíos por los demás, aún cuando la diversidad entre ellos era significativa. Los saduceos sólo reconocían la Torah escrita, los fariseos el TaNaJ y la Torah oral –que entonces estaba en desarrollo–, mientras los esenios tenían además del TaNaJ otros escritos, los pseudo-epigráficos, y para el judaísmo rabínico actual serían heterodoxos. Los zelotes podían desde el punto de vista teológico ser fariseos o esenios, pero no saduceos, aunque en ellos el elemento religioso no era importante, sino el político (justamente por este motivo eran adversarios naturales de los saduceos).
Los fariseos y los esenios surgieron de un mismo movimiento, el de los “hasidim” (pronunciase con la “H” muy fuerte, como “J”). Los “hasidim” de aquella época nada tienen que ver con las actuales corrientes del judaísmo que se denominan con este mismo término. El actual “judaísmo jasídico” se desarrolló en Rusia en la tarda Edad Media y no tiene ninguna conexión histórica con los antiguos hasidim. Para diferenciar ambos grupos, aquí usaremos como letra inicial la «h» para los antiguos, y la «j» para los modernos.


Los Saduceos

Su nombre en hebreo era tzeduqim, y significa “justos”, nombre que se dieron a sí mismos para contrastar a los hasidim. Este nombre les confería también una cierta autoridad sobre el sacerdocio, porque relacionado con el nombre de Tzadok, del cual proviene la descendencia legítima de los kohanim – cargo que ellos habían usurpado.
Los saduceos pertenecían a las clases más pudientes de la sociedad judaica. No existen textos saduceos, y toda la información que existe sobre ellos proviene de fuentes hostiles, en efecto, nadie habla bien de ellos... Además del Evangelio, también los historiadores del tiempo como Flavio Josefo, Filón y Plinio dan un parecer negativo sobre este grupo. En la literatura farisaica son presentados como enemigos. Los pergaminos de Qumran no los mencionan directamente, pero parece que algunos términos “en código” aluden a ellos.
Los saduceos sostenían que la única autoridad espiritual es la Torah escrita, en oposición a los fariseos, que observaban también la Torah oral. Resulta en efecto una contradicción su tendencia a favor del helenismo y después hacia el Imperio Romano. Eran muy ligados al Templo, y controlaban el sacerdocio también gracias a sus alianzas políticas con los gobernantes de turno, desde el periodo hasmoneo hasta el romano, y eran sostenidos por las familias ricas e influyentes. Es probablemente esta deshonestidad política que los hacía odiosos. En estos aspectos, el cristianismo evangélico está mucho más cerca de los saduceos, no sólo en el concepto de la “sola Scriptura” como única fuente de autoridad espiritual, sino también en su aceptación de los gobiernos temporales, cualquiera sean.
A pesar de que los saduceos creían en la autoridad de las Escrituras, no creían en la vida espiritual, como relata no sólo el Evangelio sino también Flavio Josefo y otros escritores. Sus herederos, los karaítas, creen en cambio en todas estas cosas, los ángeles, la resurrección, la inmortalidad del alma, etc., y forman parte de una de las corrientes del judaísmo – manteniendo como principal distinción del judaísmo rabínico el hecho que los karaítas no aceptan la llamada Torah oral, sino sólo la escrita, y por este motivo son rechazados por el judaísmo rabínico, incluso hasta el punto de no ser considerados verdaderos Judíos.


Los boethusianos o herodianos

Eran una secta de los saduceos; sostenían las mismas doctrinas y eran aún más aferrados al poder político. En apariencia, eran miembros y sostenedores de la familia saducea de Boethus, ordenados sumos kohanim por Herodes a través de un matrimonio político con Mariamne, hija de Herodes – de aquí el nombre bíblico de “herodianos” (Mateo 22:16; Marcos 3:6; 12:13). Las fuentes históricas les llaman en cambio boethusianos.


Los fariseos

Tenían un origen común con los esenios, ambos eran inicialmente llamados hasidim; en un segundo tiempo, parece que los fariseos se hayan separado, de aquí su nombre, que significa justamente “separados” – en hebreo, “perushim”.
Los fariseos pertenecían al pueblo, a la gente común, y eran ligados a la Sinagoga más bien que al Templo. Se oponían tenazmente a los saduceos. Los fariseos observaban la Torah oral como interpretación realista de la Torah escrita, y aceptaban diversas escuelas de pensamiento siempre que estas no contrastasen con las Escrituras; de este escuelas predominaban dos: las de los rabinos Shammai y Hillel, escuela esta última que todavía subsiste en el judaísmo. La enseñanza de Yeshua de Nazaret era en parte en armonía con la escuela de Shammai –en cuestiones como el divorcio–, pero en general estaba más de acuerdo con la de Hillel –como el realizar obras de bien incluso en los días de Shabbat–. La mayoría de los fariseos sostenía la escuela de Hillel (como en el judaísmo rabínico actual). Los fariseos sin embargo, no aceptaban los libros apócrifos, pseudo-epigráficos ni ninguna literatura fuera de las Escrituras inspiradas; probablemente este es el motivo por el cual se separaron de los hasidim originales. Si nosotros hoy tenemos una selección correcta de las Escrituras Hebraicas, o sea, la que comprende solamente los libros inspirados y excluye los apócrifos, es principalmente mérito de los fariseos.
En el Evangelio, principalmente en el “sermón del monte”, se evidencia que Yeshua observaba la Torah oral de aquél tiempo así como la escrita, sin las exageraciones que muchos de los fariseos enseñaban; en efecto, es muy verosímil que Yeshua mismo fuese un fariseo ‒los fariseos mismos lo reconocían como “Rabí”, un título que se daba a sus maestros‒, y sus críticas hacia ellos deben considerarse como aquellas que los miembros de un grupo hacen hacia los propios colegas. Este aspecto será profundizado más adelante, en el capítulo que trata acerca de la judaicidad de Yeshua.
Los fariseos son el único movimiento de la época que sobrevive conservando en líneas generales las propias características, y son identificables con el judaísmo rabínico. Todos los otros movimientos (saduceos, esenios, etc.) han evolucionado hacia formas diversas de las que tenían originalmente.


Los esenios

Este grupo no es mencionado en el Nuevo Testamento, y sólo en algunos pasajes se puede deducir que se refieren a ellos. Sin embargo, la teología neo-testamentaría es en gran parte de extracción esenia! El por qué no son nunca mencionados constituye un misterio, como si los mismos autores del Nuevo Testamento hubieran a propósito evitado de mencionar la propia pertenencia al movimiento de los esenios, o por lo menos las propias simpatías hacia este grupo... Los historiadores de la época, como Flavio Josefo y otros, dedican mucho más espacio a la descripción de los esenios de cuanto dedican a todos los otros movimientos, indicando cuánto era relevante su presencia en la sociedad judaica, por lo cual no se explica tal omisión en el Nuevo Testamento. En este estudio les daremos la debida consideración, porque es esencial para entender el origen del cristianismo.

A este punto, es útil hacer otra premisa:
En este estudio no se pretende absolutamente descalificar la autoridad del Nuevo Testamento como Escritura inspirada, sino solamente analizar sus fuentes; mucho menos se pretende disminuir la misión mesiánica de Yeshua, sino descubrir por qué motivo los Judíos no lo han aceptado como Mesías.

Si bien Yeshua era teológicamente mucho más cercano a los fariseos, ha sido descrito por los evangelistas también con muchas características típicas de los esenios, que veremos a continuación. Había en efecto al interno de los fariseos algunas corrientes más místicas que podrían confundirse en apariencia con los esenios, aunque manteniendo la fidelidad a la Torah y rechazando la enseñanza de otras escrituras no inspiradas; corrientes entre las cuales se pueden incluir escuelas rabínicas cercanas a Yeshua de Nazaret. Estos grupos fariseos estaban muy difundidos en Galilea, y eran comúnmente llamados “hasidim” o “tzadikim”, de los cuales hablaremos más adelante, en el capítulo titulado “Yeshua el Fariseo”. También en el judaísmo rabínico actual hay escuelas de inspiración kabalística que se alejan de los parámetros bíblicos y se asemejan más a los esenios – los movimientos llamados “jasídicos”.
No es de estos grupos que hablamos en este capítulo, sino de los esenios, mencionando oportunamente las características que han inducido a algunos a comparar esta secta con Yeshua de Nazaret. Algunos de los aspectos principales de este movimiento místico son los siguientes:

Organización social de los esenios:

* Formaban comunidades de hombres solamente, los cuales eran célibes o bien habían dejado sus familias y sus haberes para unirse al movimiento:
“Los esenios dejaban padre, madre, hermanos y hermanas, casas y tierras, por causa de su religión” (Eusebio, citando a Filón);
“Entonces Shimon Kefa, respondiendo, le dijo: «He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?» …Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. (Mateo 19:27,29 – cf. Marcos 10:29; Lucas 14:26,33; 18:28-29).

* Generalmente, los esenios constituían células guiadas por un maestro y doce discípulos.
“Y estableció a doce, para que estuviesen con él” (Marcos 3:14); “Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Lucas 6:13 – cf. Mateo 10:1).
Las comunidades más numerosas eran guiadas por un consejo compuesto por doce hombres, de los cuales tres tenían responsabilidades particulares.
“Seis días después, Yeshua tomó a Shimon Kefa, a Yakov y a Yohanan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos” (Marcos 9:2 – cf. Mateo 17:1; Lucas 8:51; 9:28).

* Los esenios renunciaban a todo tipo de placeres del cuerpo, incluso el matrimonio, para consagrarse a Elohim:
“Renunciaban a toda forma de diversión, de elegancia, y a todo placer del cuerpo” (Filón).
“Eran la única clase de hombres que vivían sin dinero y sin mujeres” (Plinio).
“Existen eunucos, los cuales se han hecho eunucos por sí mismos por motivo del reino de los cielos” (Mateo 19:12); “Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor” (1Corintios 7:32).

* Los esenios no llevaban bolsa, ni alimentos, ni otras cosas en sus viajes.
“Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas»” (Lucas 9:3 – cf. Mateo 10:9,10; Marcos 6:8).

* Ellos no tenían en cuenta las cosas terrenas, sino buscaban solamente aquellas celestes, o sea, el “Reino de Elohim”:
“Los esenios creían y enseñaban que su deber principal era buscar el Reino de Elohim y su justicia” (Filón);
“Mas buscad primeramente el reino de Elohim y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33 – cf. Lucas 12:31);
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el herrumbre corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el herrumbre corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6:19-20).

* Los esenios exaltaban la condición de pobreza y la humildad.
“Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Elohim” (Lucas 6:20);
“Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Elohim a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Jacobo/Santiago 2:5).

* Los esenios se abstraían del sistema social, al cual denominaban “el mundo”:
“Eran también llamados ascetas debido a su abstracción del mundo” (Eusebio);
“Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo” (Yohanan 17:16).

* Aunque tenían un maestro, usaban no llamar “maestro” a ninguno:
“«Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos»” (Mateo 23:8).

* Los esenios tenían todo en común, y uno de ellos era encargado de tener el dinero de la comunidad;
“Ellos no compran ni venden entre ellos, sino que dan de lo que tienen a quien necesita” (Flavio Josefo);
“Se les requería vender sus propiedades y haberes, y compartirlos entre todos según la necesidad de cada uno de modo que no hubiera ninguno en necesidad, así como está escrito en los Hechos de los Apóstoles” (Eusebio);
“Todos aquellos que creían estaban juntos y tenían todas las cosas en común; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno... Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad ” (Hechos de los Apóstoles 2:44-45; 4:34-35).
“Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Yeshua le decía: «Compra lo que necesitamos para la celebración»; o que diese algo a los pobres” (Yohanan 13:29).

* Los esenios usaban retirarse en lugares solitarios:
“Ellos, habiendo dejado de lado toda preocupación por esta vida, se retiraban en los desiertos o en los jardines” (Filón). Estas características eran también propias de Yohanan el bautizador y de Yeshua (ver también Hebreos 11:38).

* Los esenios usualmente se vestían de blanco.

Las listadas arriba son las principales características que acomunan, al menos en apariencia, a los esenios con los discípulos de Yeshua. No hay en ellas alguna cosa que contraste con las Escrituras o que pueda ser censurable, ni por los fariseos ni por otros, y en efecto, no eran estas las cosas por las cuales serían considerados heterodoxos, sino por sus doctrinas. A diferencia de los fariseos, que consideraban solamente la Escritura inspirada como fundamento doctrinal –aunque también habían iniciado a desarrollar la llamada “Torah oral”, a la cual daban la misma autoridad que a las Escrituras–, los esenios tenían muchos libros, los cuales son comúnmente denominados “apócrifos” o “pseudo-epigráficos”. Apócrifo significa espurio, y en el uso corriente se dá este nombre a los libros no inspirados, o sea, aquellos que no forman parte de las Escrituras (algunos de los cuales han sido incluidos en la versión de la Biblia llamada “de los Setenta”); pseudo-epigráfico significa que el autor firma con el nombre de otro, usualmente un personaje reconocido mencionado en las Escrituras.
Un dato importante, que será expuesto en este estudio, es que una parte consistente del Nuevo Testamento no tiene ninguna referencia en las Escrituras Hebraicas, sino en los escritos judaicos del periodo del Segundo Templo que no fueron incluidos en el TaNaJ! Hay algunos ejemplos sorprendentes, como “el arcángel Mikhael, cuando contendía con el diablo disputando por el cuerpo de Mosheh” (Yehuda 9), o el nombre de los magos de Egipto “Yahné y Yamré, que se opusieron a Mosheh” (2Timoteo 3:8), o bien “para que se cumpliese lo que fue dicho por los Profetas, que habría de ser llamado Nazareno” (Mateo 2:23), profecía que ha hecho inventar disparates a muchísimos teólogos... Hay también otras cosas menos evidentes, que pertenecen al judaísmo del Segundo Templo y no se encuentran en las Escrituras, sino que provienen de los escritos mencionados, por ejemplo, el título “Hijo del hombre”, o términos como “hijos de la luz”, en oposición a los “hijos de las tinieblas”, y otros similares.
Los esenios eran particularmente atraídos por personajes bíblicos envueltos en el misterio, como Henoc, MalkiTzedek y el Profeta Eliyahu (Elías). Tenían una visión mesiánico-apocalíptica muy acentuada, y veían en la figura de MalkiTzedek el Mesías prometido, Henoc y Eliyahu como sus precursores – estos últimos dos probablemente por haber sido trasladados al cielo, mientras MalkiTzedek era considerado la Emanación de Elohim, el Ángel del Eterno. El Libro de Henoc es fundamental en la literatura esenia, y ha inspirado muchas doctrinas neo-testamentarias, más de cuantas podamos imaginar! – Para un resumen comparativo entre el Nuevo Testamento, la literatura henóquica y los textos apócrifos, ver “El Ciclo de Henoc” y “El Nuevo Testamento y la Literatura Apócrifa”.

Pasemos ahora a considerar las doctrinas y prácticas de los esenios, confrontándolas oportunamente par distinguirlas de aquellas enseñadas y practicadas por Yeshua o sus discípulos:

* Los esenios practicaban la inmersión (llamada bautismo) para la remisión de pecados. Esta práctica existe en el judaísmo, se llama “t’bilah” (Hechos 21:26), pero los esenios le daban un significado diverso: ellos rechazaban el sacrificio de animales y lo substituían con la inmersión, que en el judaísmo tiene un valor de purificación física, sin relación con la remisión de pecados. Yohanan el bautizador tiene muchas características que llevan a identificarlo con los esenios.

* Ellos se bautizaban también por aquellos que reputaban espiritualmente muertos:
“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?” (1Corintios 15:29). Este es uno de los versos en controversia...

* Ellos no ofrecían sacrificios, al contrario, los rechazaban.

* Los esenios usaban romper el pan en sus rituales.

* Los esenios ayunaban con frecuencia. También los discípulos de Yohanan, pero no los de Yeshua: “Entonces ellos le dijeron: «¿Por qué los discípulos de Yohanan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?»” (Lucas 5:33);
“Entonces vinieron a él los discípulos de Yohanan, diciendo: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?»” (Mateo 9:14);
“Y los discípulos de Yohanan y los fariseos ayunaban; y vinieron a Yeshua, y le dijeron: «¿Por qué los discípulos de Yohanan y los discípulos de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?»” (Marcos 2:18).

* Los esenios no estimaban el Templo. Yeshua demostró el contrario:
“Yeshua entró en el Templo, y echó fuera a todos los que vendían y compraban, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas. Y les dijo: «Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones»” (Mateo 21:12-13; – cf. Marcos 11:15-17; Lucas 19:45-46; Yohanan 2:13-17).

* Los esenios no participaban en las solemnidades judaicas en Jerusalem, según atestan Flavio Josefo y Filón; Yeshua en cambio, sí participaba, incluso en las festividades no establecidas en las Escrituras, como Hanukkah (Yohanan 10:22-23).

* Los esenios no frecuentaban las Sinagogas. Yeshua en cambio, participaba activamente:
“Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: «¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?»” (Mateo 13:54; – cf. Marcos 6:2; Lucas 4:16).

* Los esenios tenían una doctrina secreta que no era revelada si no a sus discípulos. Por este motivo, usaban hablar en parábolas, con metáforas y alegorías, en modo tal de no revelar sus misterios. Este método era también usado por Yeshua:
“Él respondiendo, les dijo: «Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado»” (Mateo 13:11);
“Y él dijo: «A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Elohim; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan»” (Lucas 8:10);
“Y les habló muchas cosas por parábolas... Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: «¿Por qué les hablas por parábolas?»... «Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden»... Todo esto habló Yeshua por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba” (Mateo 13:3,10,13,34).

* Los esenios interpretaban las Escrituras alegóricamente. Este es un sistema utilizado frecuentemente por los cristianos cuando no logran explicar las Escrituras en modo concreto, o bien para justificar una enseñanza que contrasta con el verdadero sentido de la Palabra de Elohim.

* Los esenios utilizaban los milagros y las sanidades para demostrar sus verdades. En el judaísmo, tales cosas no son necesarias; recordemos que ninguno de los Profetas ha hecho milagros en la Casa de Judá, sino solamente en la de Israel, porque estos habían perdido de vista al verdadero Elohim, que los Judíos en cambio han siempre reconocido (a pesar de su infidelidad durante un periodo). El mismo Yeshua ha hecho milagros solamente en el ámbito de la Casa de Israel, y entre los Samaritanos y gentiles, pero no en Judea.

* Ellos creían en la resurrección, pero no del cuerpo, sino de un no bien definido “cuerpo espiritual”. En las Escrituras Hebraicas en cambio, la resurrección de los muertos precede al Reino Mesiánico y tiene como objetivo la restauración de la Creación original.
Es errónea la idea de que creyeran también en la transmigración de las almas. De hecho, no hay ningún indicio documental en este sentido, y tal suposición surgió de una interpretación no muy certera de una frase de Josefo, que dice, describiendo las enseñanzas de los fariseos, que el alma de los justos es recompensada con un nuevo cuerpo mientras la de los malvados sufre castigo eterno. Josefo estaba expresando de esta manera la creencia farisaica en la resurrección, y de ninguna manera sugiere otra cosa. La aberrante idea de la transmigración de las almas (gilgul ha-neshamot) surgió en el judaísmo medioeval y fue adoptada por los movimientos jasídicos, pero es totalmente contraria a las Escrituras y al judaísmo histórico. Tanto fariseos como esenios creían en el castigo eterno de los malvados y en la resurrección para vida eterna de los justos.

* Los esenios tenían como objetivo en la vida terrena llegar a ser “templos del Espíritu Santo”.

* Ellos creían en el pecado original, del cual las Escrituras no dicen nada.

* Los esenios creían en la necesidad de un mediador entre Elohim y los hombres. En el judaísmo farisaico, como está explicado en la Torah, el hombre tiene una relación directa con Elohim y es responsable delante de Él.

Hay muchas otras características de los esenios que se asemejan a aquellas de los discípulos de Yeshua, como la importancia dada a sueños y visiones, los dones de sanidades (por lo cual algunos historiadores les definen con el nombre de “terapeutas”), no pronunciar juramentos sino decir la verdad en modo simple, no oponerse al poder político, etc.
Podemos con certeza decir que Yeshua NO era un esenio, y que a pesar de las apariencias, era mucho más cercano a los fariseos. Sin embargo, no se puede excluir que los traductores de los Evangelios hayan contribuido a crear una apariencia esenia, y que hayan incluso mencionado términos que Yeshua mismo podría no haber utilizado en realidad (como, por ejemplo, “Hijo del hombre”). Los testimonios históricos afirman que los esenios desaparecieron simplemente porque la mayoría de ellos, si no todos, se hicieron cristianos; por lo tanto, la transmisión del mensaje escrito estaba en buena parte en sus manos. Los esenios estaban presentes no sólo en Judea, Samaria y Galilea, sino también en Alejandría de Egipto, y esto explica las divergencias en el texto bíblico presentes en la versión “de los Setenta”, diferencias que favorecen a una interpretación más adecuada a las doctrinas “cristianas”. Los Judíos reputan la versión de los Setenta, justamente, una traducción inexacta. El Nuevo Testamento, del cual al menos los Evangelios fueron escritos originalmente en hebreo o arameo (veremos más adelante el texto que tienen los Asirios, más antiguo que el texto griego) debía citar versos de las Escrituras Hebraicas, en cambio las versiones oficiales, traducidas del “original griego”, citan la versión de los Setenta.
Veamos ahora las principales doctrinas esenias que se oponen al judaísmo rabínico y coinciden con el cristianismo:

La doctrina de los esenios que difiere del judaísmo rabínico actual se puede definir principalmente por tres conceptos fundamentales: Elohim, el Mesías y las Escrituras. Aquí presentamos un breve resumen de las diferencias más importantes:

1) Elohim:
– El concepto escritural y judaico de Elohim es claro, y se manifiesta en la declaración de fé hebraica: “Oye, Israel, el Eterno nuestro Elohim, el Eterno es UNO”.
– Los esenios en cambio concebían una “trinidad” – concepto que si bien es ajeno al judaísmo, se encuentra en la literatura mística hebraica, en los textos kabalísticos y en los libros apócrifos. Paradójicamente, los cristianos tienen recelos acerca de la Kabalah, considerándola una disciplina mágica, pero sus doctrinas coinciden mucho más con las kabalísticas que con las bíblicas!

2) El Mesías:
– Según las Escrituras, el Mesías es el Libertador, aquél que establecerá el Reino, rescatará la Casa de Israel y la reunirá con la Casa de Judá. En las Escrituras Hebraicas no hay ninguna mención sobre su presunta naturaleza divina, ni es presentado como Hijo di Elohim o mucho menos idéntico a Él o una Emanación Suya. No hay ni siquiera una clara exposición sobre cuál sería su ministerio, aparte de establecer el Reino y restaurar todas las cosas; sin embargo en el judaísmo se concibe la idea que haya una doble misión suya (o bien dos Mesías), uno “sufriente”, Mashiaj ben-Yosef, que viene a rescatar y redimir la Casa de Israel, y el Mashiaj ben-David, que vendrá a reinar sobre la Casa de Judá, a restablecer para siempre el trono de David, el Templo, y extenderá su dominio sobre todas las naciones, como ha sido anunciado por los Profetas.
– Según los esenios, en cambio, el Mesías es “Hijo de Elohim”, “el Ángel del Eterno”, “MalkiTzedek”, “Mikhael”, “Uno con el Padre”, o sea, Elohim mismo encarnado en la apariencia de un hombre. Estos conceptos no se encuentran expresados claramente en las Escrituras Hebraicas, pero los hallamos en los Rollos de Qumran! – Ver: “El ‘Hijo’ en el TaNaKh”.

Sin embargo, en el judaísmo farisaico y ortodoxo sí existió durante algunos siglos posteriores al inicio de la Diáspora el concepto de que un hombre pueda ser exaltado en los cielos hasta el punto de ser considerado un “YHVH menor”, como lo demuestra claramente el Sefer Hekalot, libro totalmente judío que fue escrito por Rav Yishmael, en el cual se habla de Metatron, cuyo nombre hebreo es Yehuel (“YHVH-EL”), quien sería adorado por los ángeles siendo originalmente un hombre que vivió sobre la Tierra –o bien, era preexistente a la Creaciàon, y posteriormente fue manifestado como hombre–, y coronado por YHVH como rey en los cielos. Por lo tanto, el concepto de “Hijo de Elohim” y de divinidad del Mesías estuvo presente en el judaísmo antiguo y sólo fue eliminado por los compiladores del Talmud con el objetivo de contrastar al cristianismo. Para no extendernos aquí sobre este argumento, ver su exposición en “El Ciclo de Henoc”.

3) Las Escrituras:
– Los Judíos consideran Palabra de Elohim solamente las Escrituras inspiradas, los libros contenidos en la Torah, los Profetas y los Escritos (TaNaKh), lo que los cristianos llaman “Antiguo Testamento”, rechazando los apócrifos (incluso aquellos que están en la versión de los Setenta), y reputan la Septuaginta una traducción inexacta. Particular importancia tiene la Torah, de la cual proviene toda doctrina.
En el primer siglo y hasta Shimon bar-Yojai, el Libro de Henoc era considerado por los Judíos como parte de las Escrituras, pero sucesivamente fue eliminado y “desapareció”, para ser reemplazado por otros libros como el Zohar y Sefer Yetzirah, que contienen doctrinas completamente opuestas a la Torah, los cuales, aunque no han sido incluidos en el TaNaKh, de hecho son fundamentales en el judaísmo moderno, principalmente jasídico, y se consideran inspirados (ver “El Ciclo de Henoc”).
– Los esenios en cambio tenían muchas otras escrituras sobre las cuales fundaban su doctrina, e interpretaban la Torah en forma alegórica para poder justificar sus enseñanzas, algunas de las cuales no eran conforme a las Escrituras. Particularmente importantes para los esenios eran los libros apócrifos pseudo-epigráficos como el Libro de los Jubileos, los Testamentos de los Doce Patriarcas, Ben-Sirà y otros, en los cuales se encuentran algunos conceptos neo-testamentarios. El hallazgo de los Rollos del Mar Muerto, en Qumran, ha traído a la luz muchos de los escritos sobre los cuales los esenios fundaban sus doctrinas. Algunos de estos documentos han sido llamados “proto-evangelios”, dada la gran semejanza con el lenguaje y el mensaje evangélico.
Algunos de los textos que contienen la doctrina de los esenios pueden ser consultados aquí.

Otro elemento en el que los esenios tenían una diversidad no indiferente con los fariseos era el calendario:
– En la Torah, Elohim ha establecido cuál debe ser el calendario de Su pueblo, o sea, el lunar-solar que todavía conservan los Judíos: un año compuesto de doce meses lunares; el inicio de cada mes debe coincidir con el Novilunio, pero para celebrar las solemnidades en el momento adecuado (porque estas están relacionadas con la siembra y la cosecha), se agrega periódicamente un trigésimo mes, así el año queda parificado con las estaciones.
– Los esenios, sin embargo, observaban un calendario solar! Este tenía 364 días con ocho meses de 30 días y cuatro de 31. Los meses eran dispuestos formando cuatro periodos iguales. El año era así dividido en cuatro estaciones de 91 días cada una; y cada una de estas comprendía exactamente 13 semanas; el inicio del año era siempre un miércoles, día de la creación de los astros. En base a este calendario todos los años eran estructuralmente iguales porque cada día del mes correspondía siempre al mismo día de la semana, y por consiguiente, también todas las festividades. La celebración de Pesaj, el 15 de Aviv, era para los esenios siempre un miércoles.
Este calendario esenio es importante para definir algunos enigmas relativos a la última cena que Yeshua celebró la noche precedente al Pesaj de los Judíos, cena que podía coincidir en cambio con el Pesaj esenio...

De las fuentes históricas resulta que en los tiempos apostólicos el término “esenios” incluía a los cristianos, o era un sinónimo – Eusebio, en su “Historia Ecclesiástica” escribió: “Aquellos antiguos terapeutas (esenios) eran cristianos, y sus antiguas escrituras son nuestros Evangelios”.
Indudablemente, mucho del lenguaje de los evangelistas es el mismo que encontramos en los textos de la Comunidad de Qumran; algunos de estos parecen auténticos “evangelios”, lo cual explica una tal afirmación de Eusebio. Queda como argumento de discusión si la Comunidad de Qumran pertenecía a la secta de los esenios o no, pero los elementos en común son muchos (consideraremos la Comunidad de Qumran a continuación). Cierto es que en los documentos de dicha comunidad hay definiciones y expresiones como “hijos de Elohim” (entendido como personas salvadas) y títulos mesiánicos como “generado por el Padre”, “Hijo del Altísimo”, etc. Los paralelismos entre el Evangelio de Yohanan y el documento “Regla de la Comunidad” son sorprendentes: ambos escritos contienen expresiones tales como “luz de la vida”, “hijos de la luz”, “caminar en las tinieblas”, “Espíritu de verdad”, “vida eterna”, etc. Una frase escrita en la Regla es:
“Por su sabiduría todas las cosas fueron hechas, y todo lo que existe, él ha establecido para su propósito, y sin ella ninguna cosa fue hecha”.
Los llamados “padres de la iglesia” afirmaban que los esenios dieron origen al cristianismo; estos tenían una organización idéntica a la de la asamblea descrita en el Nuevo Testamento. No se puede poner en duda que las semejanzas son efectivamente sorprendentes.

Reafirmamos con certeza que Yeshua NO era un esenio, y que su enseñanza era según las Escrituras.
Queda el hecho que el Nuevo Testamento contiene elementos que lo relacionan con los esenios, y esto es atribuible a los traductores. Los cristianos honestos reconocen que los libros inspirados de las Escrituras Hebraicas son aquellos presentes en las versiones evangélicas de la Biblia, y que la enseñanza del Nuevo Testamento debe ser coherente con éstas. ¿Qué canon es justo tomar en consideración? Si es aquél aceptado ya sea por los Judíos que por los evangélicos (en cuanto a las Escrituras comunes a ambos), es necesario depurar el mensaje del Nuevo Testamento de toda referencia apócrifa.


La Comunidad de Qumran

Si bien la opinión de la mayoría de los expertos es que la Comunidad de Qumran (”Yajad”) debía pertenecer a los esenios, no hay una certeza absoluta acerca de esta afirmación, y algunos particulares efectivamente la diferencian de aquéllos. Por este motivo, la tratamos separadamente.
Sin duda alguna, el hallazgo de los Rollos del Mar Muerto es el descubrimiento arqueológico más importante en cuanto nos ha permitido verificar la autenticidad del texto de las Escrituras y conocer más profundamente el judaísmo del periodo del Segundo Templo, que difiere notablemente del judaísmo actual. Este hallazgo sucedió contemporáneamente con la fundación del Estado de Israel, anunciando el inicio de la restauración física y espiritual del Pueblo Elegido.

Es posible que la Comunidad haya sido formada originalmente por Levitas del linaje legítimo de Tzadok, cuyo último Kohen Gadol fue Honio (Onías III), quien fue destituido de su cargo por los Hasmoneos, quienes establecieron a los saduceos que usurparon el título –en este sentido, los miembros de la Comunidad serían los auténticos tzeduqim–. Esta estirpe levítica sería perfectamente coherente con la altísima posibilidad de que Yohanan el bautizador perteneciera a la Comunidad de Qumran, puesto que él “habitaba en el desierto” y era hijo de un kohen. El lugar donde él llamaba al pueblo a realizar la t’bilah estaba a pocos kilómetros de Qumran, en un punto en que el Yarden está cerca de su desembocadura al Mar Muerto.

Los manuscritos evidencian que en el judaísmo de entonces había distintas escuelas y no prevalecía una por sobre las demás en el aspecto normativo, ni había pretensión por parte de alguna de ellas de definir el ser judío, como lo hizo posteriormente el judaísmo rabínico estableciendo una halajáh según el modelo farisaico. En el periodo del Segundo Templo, las diferencias entre las halajot de los esenios, de los miembros de la Comunidad, de los fariseos (a su vez divididos entre partidarios de Hillel y de Shammai), de los saduceos y algunas otras corrientes eran muy significativas y sin embargo todos eran Judíos y no se excluían entre sí como tales. De hecho, en ese periodo es mucho más abundante el testimonio escrito que nos han dejado los miembros de la Comunidad que el legado de los fariseos.

El contenido de los Rollos de Qumran y las enseñanzas de la Comunidad exigen un estudio aparte debido a la amplitud del tema, por lo tanto aquí sólo presentaremos muy sintéticamente algunas de las características derivadas de estos documentos.

*El “Maestro de Justicia” (“Moreh haTzedeq”) es un personaje clave en la Comunidad y hay muchas hipótesis acerca de su identidad – hay quienes consideran que se refiere al fundador del movimiento, otros a algún Kohen Gadol, otros al Mesías. Aparentemente no sería él mismo el Mesías, sino un precursor, el “Intérprete de la Torah”. Al Maestro de Justicia se opone el “Sacerdote Malvado” (“haKohen haRasha’”), cuya identificación depende de la del Maestro de Justicia y por lo tanto existen también variadas hipótesis.

*El Mesías es fundamental en la doctrina de la Comunidad. En relación al mismo, hay un sorprendente paralelismo entre los Rollos de Qumran y los Evangelios. Por ejemplo, en el rollo 4Q521, habla del “Mesías del Cielo y de la Tierra”, quien llama a los justos por nombre, y sobre las señales del Mesías: “liberará a los cautivos, dará vista a los ciegos, levantará a los oprimidos, sanará a los heridos, resucitará a los muertos, anunciará a los pobres la buena palabra” – exactamente las señales que pedía Yohanan (Mateo 11:5; Lucas 7:22). Ver texto del manuscrito.
El rollo 4Q246, describe la Era Mesiánica, y sobre el Mesías dice: “Él será llamado Hijo de Elohim, lo llamarán Hijo del Altísimo. Su reino será eterno, y juzgará a toda la tierra”. Ver texto.
En el Documento de Damasco 2:10 dice que Elohim envía su Espíritu Santo a través del Mesías. Ver texto.
En el Rollo de la Guerra habla claramente del “Hijo del hombre que viene en las nubes del cielo”. La Comunidad de Qumran creía en dos manifestaciones del Mesías, probablemente en dos Mesías distintos, o en dos venidas del mismo Mesías – esta última interpretación es la que adoptaron los nazarenos y posteriormente los cristianos.

*La Comunidad ponía particular énfasis en la salvación y redención personal más que colectiva. El bautismo (t'bilah) era practicado como señal de arrepentimiento y medio de expiación.

*La resurrección corporal de los muertos era otra de las doctrinas de la Comunidad (4Q521 1,2,12), la cual debe ocurrir en la venida del Mesías. La vida eterna para los justos y el castigo eterno para los malvados (Daniel 12:2).

*La Comunidad –así como todo el judaísmo del Segundo Templo– admitía plenamente la presencia de profetas contemporáneos. La teoría rabínica de que los profetas cesaron poco después del retorno de Babilonia es muy posterior; el mismo historiador Josefo da testimonio de la existencia de profetas en su tiempo, mencionando a algunos de ellos (Guerras de los Judíos 1.78, etc.).

*La Comunidad se consideraba a sí misma el verdadero templo espiritual de Elohim.

*La Comunidad sostenía la existencia de ángeles rebeldes regidos por Belial (4Q390). La división del universo entre luz y tinieblas, bien y mal.

*La observancia del Shabat era tan estricta que era prohibido a los miembros de la Comunidad sanar o llevar medicinas durante ese día, así como usar algún instrumento aunque fuera necesario para salvar una vida. Eran probablemente éstos los “fariseos” que reclamaban a Yeshua el efectuar sanidades en Shabat, ya que los discípulos de Hillel, así como en el judaísmo actual, sí tenían permitido hacer todo lo posible por salvar una vida o aliviar el dolor del prójimo aunque fuera Shabat.

*La Regla de la Comunidad, o Manual de Disciplina (“Serekh ha-Yajad”), establecía para todos los miembros evitar contacto con los profanos y no relacionarse con ellos, sino abandonarlos a su destino (1QS 9,21-26). En este sentido, la predicación de Yohanan hacia todos los hombres y mujeres, de arrepentirse y recibir el Reino, era contraria al reglamento y es posible que esto haya provocado una ruptura, si es que Yohanan pertenecía al Yajad, y por este motivo se haya trasladado a orillas del Yarden, no muy lejos de Qumran, para poder llevar a cabo su misión de bautizar a los que recibían su mensaje.

Queda aún mucho por decir acerca de la Comunidad de Qumran; en este resumen podemos apreciar que hay similitudes importantes entre sus miembros y Yohanan el bautizador, así como diferencias significativas entre los mismos y Yeshua de Nazaret. Sin embargo, estos documentos nos permiten conocer más en profundidad el judaísmo del período del Segundo Templo y entender las diferencias que surgieron con el judaísmo que se fue formando a partir de la Diáspora hasta nuestros días.


El texto original

Es convicción general de los cristianos de occidente que el texto original de los Evangelios ha sido escrito en griego koiné, en cambio subsisten evidencias de que éste es en realidad una traducción. En efecto, los cristianos Asirios, de los cuales pocos tienen conocimiento, conservan el texto aramaico, el cual ellos sostienen haber recibido directamente de los apóstoles, afirmación absolutamente creíble, desde el momento en que han sido los Asirios los primeros gentiles que se convirtieron en masa a la fé en Yeshua Mesías. La conversión de los Asirios es muy significativa, en cuanto es fundamental para el rescate de la Casa de Israel, exiliada precisamente en Asiria. La historia de este pueblo es desconocida después de la caída de Nínive, en cambio, es un pueblo que ha llevado el mensaje evangélico a toda el Asia. No hay en este estudio espacio para comentar toda la historia de los Asirios, ni es el objetivo del mismo, pero para los interesados en saber más se recomienda visitar la web oficial, Assyria On Line (en inglés).
El texto bíblico aramaico que conservan los Asirios se llama “Peshitta”, que significa “derecho”, “genuino”, o sea, el original, auténtico Nuevo Testamento. El arameo era la lengua vernácula de Yeshua y de los apóstoles (además del hebreo, obligatorio dentro de la Sinagoga) , los cuales, a excepción de Shaul de Tarso, no habían sido mandados a los gentiles, por lo tanto, es natural que hayan escrito en esta lengua más bien que en griego. Los Asirios sostienen haber sido evangelizados por los apóstoles personalmente, y esto tiene su comprobación ya sea histórica que bíblica – sabemos que Shimon Kefa (Pedro) escribió desde Babilonia (1Shimon 5:13), que no era Roma, sino Babilonia; otros testimonios de la época confirman que Natanael, Taddai y Tomás –que después fue a la India–, han efectivamente ministrado en Asiria, y probablemente también otros apóstoles. Asiria era además el primer lugar donde ir a rescatar las “ovejas perdidas de la Casa de Israel”...
Muchos teólogos occidentales discuten estos hechos, a pesar de existir evidencia interna en el mismo texto griego de los Evangelios, de que éste es una traducción del arameo – en el curso de este estudio examinaremos algunos ejemplos muy elocuentes. Los libros del Nuevo Testamento, a excepción de las cartas de Shaul, han sido escritos en arameo y posteriormente traducidos al griego, porque esta era la lengua franca en el Imperio Romano, pero ningún texto griego ha llegado a Mesopotamia o más allá, donde entonces se hablaba la lengua de los Asirios y de los mismos Judíos, y que todavía hablan ya sea los Asirios en exilio que los Judíos Mizrahim. A diferencia del occidente, donde la gran mayoría de los cristianos eran gentiles –por lo tanto, no eran capaces de leer en arameo–, la asamblea de los discípulos de Yeshua en Asiria contaba con un gran número de Hebreos, che eran la etnia mayoritaria en Babilonia y Adiabene y hablaban la misma lengua de los Asirios, el arameo. Los Asirios llevaron el Evangelio en esta lengua hasta la China; incluso el primer alfabeto usado por los mongoles fue justamente el arameo.
El arameo de la Biblia, “Assakhta Peshitta”, es la lengua que los Hebreos de Adiabene –un reino en Asiria cuya casa real se convirtió al judaísmo– leían el TaNaKh en su versión aramaica, al cual fue adjunto el Nuevo Testamento en tiempos apostólicos; esta versión alcanzó toda Asia, y es todavía usada en las comunidades cristianas orientales.
Otra evidencia de que el Nuevo Testamento asirio es el más genuino es que contiene solamente los pasajes más antiguos hallados hasta hoy, excluyendo las anotaciones al margen hechas por los copistas que después pasaron a ser parte del texto, y los versos agregados posteriormente. En el Nuevo Testamento Peshitta, la secuencia de los libros es como sigue:
Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Epístolas de Yakub (Yakov/Santiago), Ke’efa (1Shimon/1Pedro) y Yukhanan (1Yohanan/1Juan), y por último las Epístolas de Shaul.
A diferencia del Nuevo Testamento “griego”, no contiene en cambio 2Shimon, Yehuda, 2 y 3 Yohanan y el Apocalipsis, considerados apócrifos por los Asirios, y no contiene ni siquiera Yohanan 8:1-11 (la mujer adúltera), que no pertenece al texto original.
El texto arameo del Nuevo Testamento con traducción interlinear en inglés está disponible en internet aquí.

El canon de las Escrituras Hebraicas ha sido determinado con certeza, aceptado ya sea por los Judíos que por los evangélicos, y el Evangelio mismo nos confirma que también Yeshua declaró que la Torah, los Profetas y los Escritos (TaNaKh) son la Palabra de Elohim. Los primeros discípulos leían estas Escrituras en la asamblea, y se referían a ellas para confirmar sus doctrinas.
El canon del Nuevo Testamento no fue determinado en el periodo apostólico, y no desde los textos originales sino desde las versiones griegas, en las cuales se hallan incoherencias en parte debidas a que el texto de referencia era la Septuaginta, la cual, como hemos visto, era una traducción no muy fiel a las Escrituras Hebraicas, y con interpolaciones de traductores de posible extracción esenia.
En base a este criterio, es oportuno interpretar el Nuevo Testamento respetando la armonía con las Escrituras Hebraicas, las cuales deben siempre establecer los parámetros de interpretación y confirmar la misma. En este estudio se tomará como texto de base el arameo, el cual es el más antiguo y cercano al mensaje original.

Muchos pasajes demuestran que el texto original de los Evangelios no podía ser el griego, porque el texto griego presenta errores clamorosos, fruto de la falta de conocimiento del traductor. Un ejemplo lo encontramos en Mateo 27:9-10, el cual atribuye a Jeremías una palabra escrita en realidad por Zacarías (cf. Zekharyah 11:12-13), o también el relato de Esteban en Hechos 7:15-16, en el cual dice que Yakov fue sepultado en el terreno que “compró Avraham a los hijos de Hamor de Sichêm”, cuando en realidad quien compró allí un terreno fue Yakov y no Avraham (Génesis 33:18-19) y allí fue sepultado Yosef y no Yakov (Yehoshua/Josué 24:32), siendo que el terreno que compró Avraham está cerca de Hebrón y no en Shechem, y lo compró a Efrón el Hitita (Génesis 23:16-17) y no a Hamor el Heveo, y allí fue sepultado Yakov (Génesis 49:29-32; 50:12-13).

Seguramente Mateo, un Judío que conocía las Escrituras –si no antes, al menos después de haber pasado a ser un discípulo de Yeshua–, no podía haber cometido un tal error, ni otros como aquellos relativos a la genealogía, que veremos más adelante en esta misma página. Es igualmente cuestionable la suma de treinta siclos de plata, precisamente porque tal moneda de plata en la época de Yeshua no existía más desde hacía ya mucho tiempo...

En cuanto concierne al texto original del Nuevo Testamento, es un argumento que ha sido examinado y profundizado con imparcialidad por Pinjas Lapide (1922-1997), estudioso Judío que fue director de Instituto en la Universidad Bar-Ilan (Israel) y profesor en diversas facultades teológicas en Alemania y Suiza. Él manifestaba su aprecio hacia Yeshua y lo consideraba uno de los Profetas de Israel, exhortando a los Judíos a redescubrir a Yeshua come él era, quitando del medio la imagen que de él han presentado los cristianos. En uno de sus libros titulado “Ist die Bibel richtig übersetzt?” ("¿Ha sido la Biblia traducida correctamente?"), Pinjas Lapide trata sobre la interpretación de ciertos pasajes bíblicos y de la traducción de los mismos. En este estudio, es oportuno transcribir algunos pasajes de esta obra que ayudan a iluminar a quienes desean estudiar las Escrituras con objetividad. De dicho libro, cito algunos pasajes seleccionados:

¿Cuanto es azul el Mar Rojo? [“Ist die Bibel richtig übersetzt?”, parte segunda, 2, 10]

«Todos saben que el Mar Rojo es famoso por su cristalino color azul, que alegra hasta nuestros días a numerosos turistas que van a pasar las vacaciones sobre sus orillas. ¿Como se ha llegado entonces al rojo de su nombre? Partamos desde la Biblia Hebraica, en la cual el Mar Rojo ocupa un lugar central como escenario de la prodigiosa travesía de los hijos de Israel en el tiempo de su salida de Egipto. En la Biblia Hebraica este se llama Yam-Suf (“Mar de los Juncos”), porque sus orillas están cubiertas por juncos que eran famosos ya en la antigüedad. Ya en la época de los faraones, de los juncos se recababa la materia prima para fabricar los rollos de papiro. Cuando, hacia el 1375 John Wyclif escribió la primera traducción completa de la Biblia en inglés, tradujo muy correctamente en su lengua materna este “Mar de los Juncos” con “Rede Sea”, en base a la ortografía del tiempo» [hoy sería “Reed Sea”, ndr].
Los traductores sucesivos tomaron en consideración además de los textos originales también la traducción de Wyclif, e interpretaron que él había traducido Yam-Suf como “Red Sea”, por lo tanto, desde entonces el “Mar de los Juncos” se llama en cambio “Mar Rojo”...

¿El ojo de quién es tocado? [“Ist die Bibel richtig übersetzt?”, parte segunda, 2, 23]

«Asegurando a Israel Su amor indefectible, Elohim hace anunciar: “Dice Adonay Tzevaot a las naciones que os han despojado: Quien os toca, toca la pupila de Mi ojo” (Zacarías 2:8)... Se trata por lo tanto sin duda alguna de la pupila del ojo de Elohim, en aperto contraste con el texto original hebraico, donde dice: “quien os toca, toca la pupila del ojo suyo”, dando a entender la pupila del ojo de aquél que toca y no la pupila del ojo de Elohim». Ciertamente, meterse los dedos en los ojos no produce una bella sensación.

Estas dos citaciones precedentes conciernen a las Escrituras Hebraicas (TaNaKh) y han sido elegidas como ejemplo de cómo diversos pasajes de toda la Biblia han sido traducidos inadecuadamente. A continuación, veremos en la misma obra algunas consideraciones concernientes al Nuevo Testamento:

De Juan que no bautizaba [“Ist die Bibel richtig übersetzt?”, parte tercera, 1, 4]

«Más que todo en los momentos de sufrimiento físico y de intensa espera de la próxima venida del Mesías, hombres Hebreos dejaban Jerusalem y se iban al desierto. Allí, mediante los baños rituales [“t’bilah”, ndr], buscaban de alcanzar la purificación de Israel y de acelerar la venida del Mesías. A estos ambientes pertenecía también Yohanan, llamado “el Bautista”, hijo del kohen Zekharyah y de su mujer Elisheva.
El baño ritual era, y es, un signo de la penitencia ya hecha y del arrepentimiento ya cumplido en el sentido de los Profetas... Así, acerca del bautismo de Yohanan en el Yarden, el Nuevo Testamento nos dice que se trataba de “un bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados” (Lucas 3:3). Yohanan gritaba: “¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca!”. “Entonces salían a él Jerusalem y toda Judea, y toda la región del Yarden y confesando sus pecados eran bautizados por él en el Yarden” (Mateo 3:6; Marcos 1:6; análogamente también Lucas 3:7).
Ésta es la descripción presentada en los Evangelios sinópticos. Sólo un único manuscrito (Codex Bezae) explica en manera diversa la frase de Lucas 3:7: “Y ellos se bautizaban delante de (enopion) Yohanan...”, lo que equivale exactamente al “bautismo” hebraico. El verbo hebraico “taval”, que es la raíz del término “baptizein” de la traducción griega, es intransitivo y significa “sumergirse”. En efecto, en el judaísmo existía, y existe, sólo el auto-bautismo como ceremonia ritualmente válida. En este sentido, los discípulos de Yohanan se bautizaban delante de él por disposición suya. Él no era por lo tanto un “bautizador” en el sentido actual del término, sino uno que invitaba a las personas a bautizarse y era testigo del bautismo.
El cambio en los Evangelios sinópticos en el sentido del actual texto canónico sucedió mucho más tarde, en época post-paulina, cuando la iglesia elevó el bautismo a sacramento y lo despojó de su origen hebraico».

Sobre los rastros del esenio perdido [“Ist die Bibel richtig übersetzt?”, parte tercera, 1, 21]

«Es sorprendente el hecho que el nombre de los esenios no se encuentra en el Nuevo Testamento... Sin embargo parece que el Evangelio menciona un esenio, y también en posición elevada, aunque bajo un extraño disfraz. En la pericopa relativa a la unción de Yeshua en Betania, ya sea Marcos (14:3) que Mateo (26:6) hablan del lugar en donde sucedió y lo indican como “la casa de Shimon, el leproso”, mientras, según Lucas (7:36-50), aquél que hospedaba a Yeshua era “un fariseo de nombre Shimon”. Que Yeshua y sus doce apóstoles hayan pasado la noche en la casa de un leproso conocido como tal contradice toda lógica histórica, porque las normas concernientes a la constatación y la sucesiva separación de todos los leprosos eran rígidamente codificadas ya desde tiempos bíblicos (Levítico 13:45-14:32) y eran meticulosamente observadas en todos sus detalles... Según el derecho rabínico, el leproso no sólo contaminaba todo lo que tocaba, sino que hacía impuro con su simple ingreso en una ciudad todo lo que esta contenía. El leproso que, sin embargo, osase entrar en el centro habitado, lo que le era rígidamente prohibido, era castigado con la flagelación...
Esta prohibición se hacía respetar severamente sobre todo en Jerusalem y sus alrededores, a los cuales pertenecía también Betania.
Shimon, aquél que hospedaba a Yeshua, en cuanto leproso no podía absolutamente residir en Betania, en las proximidades de la ciudad santa, en cuyo circundario las normas relativas a la pureza legal eran hechas respetar escrupolosamente; y no podía ni siquiera ser uno que había sido sanado de la lepra y que llevaba por lo tanto el sobrenombre de “leproso”, porque, según el ethos rabínico, era considerado un pecado grave recordar a alguien su anterior estado de enfermedad (o su crimen ya expiado), como se subraya con estilo perfectamente hebraico también en el sermón del monte (Mateo 5:22).
Por otra parte, no era moralmente tolerado el abandono del leproso a su destino. La ayuda y el socorro eran, para todos aquellos que lo encontraban, un deber impuesto por el amor al prójimo. Por lo cual es absolutamente improbable que Yeshua, que había absolutizado el amor al prójimo, extendiéndolo hasta el amor hacia los enemigos, que había sanado anteriormente once leprosos (Mateo 8:1-4; Lucas 17:11-19) y mandado a sus discípulos a sanar a los leprosos (Mateo 10:8), ahora, en casa de un leproso, no haya hecho ni siquiera el mínimo tentativo de sanarlo o de darle alguna ayuda; así como es improbable que este Shimon, distintamente de las centenas de enfermos que Yeshua había sanado hasta ese momento, no pida a Yeshua que lo sane.
La re-traducción en hebreo consiente deducir que en el texto original era escrito “Shim’on ha-zanua”, que ha podido ser muy fácilmente escrito o decifrado erróneamente como “Shim’on ha-zarua”, considerando que en la paleografía qumránica las letras hebraicas “nun” y “resh” se asemejan muchísimo. Así este último término significa “Shimon el leproso”, mientras el primero quiere decir “Shimon el esenio”...
“Zanua”, que significa “modesto, pío, casto y humilde” es una de las designaciones talmúdicas de los esenios, cuyo nombre griego “esenioi” (o essaioi) sería derivado, según una teoría, de una deformación de la forma plural hebraica “zenuim”...
También la versión griega del Bellum Judaicum de Flavio Josefo conoce “un cierto Shimon, esenio de raza”, que vivió hacia el final del reino de Arquelao. Así también una de las adiciones eslavas a Flavio Josefo recuerda a “Shimon, un escriba de origen esenia”, como contemporáneo de Yohanan el Bautista. En fin, pero no menos importante, la misma pericopa relativa al la unción contiene indicios que pueden confirmar esta hipótesis...
Yeshua así amonesta a Shimon que lo hospeda: “Tú no ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies” (Lucas 7:46). El hecho que la mayor parte de los esenios observara el celibato, mientras aquí “una mujer” –según Lucas además “una pecadora”– hace en relación a Yeshua “una buena acción” por la cual, según todos los sinópticos, él la alaba y la defiende, puede acentuar aún más la polémica de Yeshua.
Pero el punto esencial de la discusión con los esenios es otro. La beneficencia y las obras de caridad gozaban entre los esenios de una tal absoluta prioridad que este sector se substraía al deber de la obediencia a los superiores, que debía ser de otra manera rígidamente observada. Para ilustrar didácticamente este aspecto, en el caso del la unción de Yeshua no se usa el aceite normal –el Talmud explica que esta era habitualmente la costumbre–, sino “un vaso de alabastro de óleo perfumado muy precioso” (Mateo 26:7; Marcos 14:3), lo que debía provocar una reacción típicamente esenia: “¿Para qué todo este desperdicio de óleo perfumado? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres” (Mateo 26:8-9; Marcos 14:4-5). En su respuesta Yeshua defiende la noble intención de esta mujer... En este contexto la cosa puede ser entendida sólo en sentido anti-esenio, lo que conduce a pensar a una adición polémica, desde el momento que el cuidado y el amor de predilección de Yeshua por los pobres son suficientemente conocidos y ciertamente no necesitan una prueba escritural...
A esta polémica anti-esenia pertenecen, además: Mateo 12:28, que trata de refutar su escatología; Lucas 16:8-9, donde se reprende a los “hijos de la luz” a causa de su separatismo esenio; el mandamiento del amor hacia los enemigos (Mateo 5:43) parece ser dirigido contra el dualismo esenio y el mandamiento qumránico del odio hacia los enemigos; el énfasis del servicio como comportamiento preferencial (Lucas 22:24-27), dirigida muy probablemente contra la institución esenia del órden jerárquico; la parábola del banquete –una alegoría del banquete mesiánico–, al cual son invitados “los paralíticos, los ciegos y los cojos” (Lucas 14:14-24), por lo tanto, justamente aquellos que estaban excluidos de los órganos directivos de los esenios».

¿Pasa un camello por el ojo de una aguja? [“Ist die Bibel richtig übersetzt?”, parte tercera, 1, 29]

«Todos conocemos la famosa expresión de Yeshua: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos” (Mateo 19:24). Pero generalmente se retuerce, o incluso se esconde bajo un tapiz teológico, la verdadera naturaleza de este famoso camello.
Así han ido las cosas... Un día se le presenta aquél que después sería universalmente conocido como “el jóven rico”. A Yeshua le gusta su piedad y su estilo de vida y lo recibiría con gusto en el círculo más íntimo de sus discípulos, pero... el jóven no logra superar el obstáculo de la renuncia a lo que posee. Yeshua permanece bien dispuesto hacia él, “lo amó” (Marcos 10:21). Luego, sarcásticamente elabora esa potente imagen del camello y del reino de los cielos, inspirándose en el mundo de los pescadores del Lago de Tiberias.
Pero en nuestro tradicional texto del Evangelio nos encontramos en presencia de un desconcertante error de traducción. En aramaico Yeshua usa efectivamente una fórmula altamente expresiva: “Es más fácil que una cuerda pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”!
Así, por causa de una consonante del texto original que ha sido interpretada en modo errado, la cuerda (gamta) de la parábola se transformó en un camello (gamal) y también el juego de palabras ha sido profundamente deformado. Los marineros y los pescadores del Lago de Tiberias tenían práctica con las cuerdas y sus relativas agujas. Pero con el pasaje de la cuerda al camello se ha perdido ya sea el significado que la fuerza de esta expresión.
Los rebuscados tentativos de explicar esta palabra de Yeshua, que siguen circulando, no tienen ningún fundamento».

Estas reflexiones escritas por Pinjas Lapide ilustran con claridad que el texto griego de la Biblia no puede ser considerado confiable en cuanto es inexacto, y que también el Nuevo Testamento, si no todo, seguramente los Evangelios han sido escritos en la lengua nativa de sus autores. La traducción al griego ha causado un efecto en cadena sobre las traducciones sucesivas a las lenguas occidentales.


El texto de los Evangelios

Los Evangelios originales fueron seguramente dos: el “Evangelio Hebreo” y el Evangelio de Yohanan. El primero de ellos es el texto del cual surgieron los tres Evangelios llamados sinópticos, a los cuales se agregaron, tardíamente, relatos que no estaban en el texto original – mayormente los relativos al nacimiento de Yeshua, y también pasajes posteriores a su resurrección, así como otros detalles. Indudablemente, el texto antiguo de estos Evangelios es el que narra los mismos eventos en los tres. Si bien este Evangelio Hebreo coincidiría más bien con el de Marcos (que en la opinión de algunos estudiosos fue el primero que se escribió), según los testimonios citados a continuación habría sido el de Mateo, aunque indudablemente, no es el mismo texto del Mateo que conocemos actualmente, sino más corto.

«Por su parte, Mateo, que en primer lugar predicó a los Hebreos cuando ya estaba por dedicarse también a otros, expuso por escrito su Evangelio en su lengua materna, substituyendo de este modo por escrito la falta de su presencia en medio de aquellos de los que se alejaba» (Eusebio de Cesarea, Ἐκκλησιαστικὴ ἱστορία 3.24.6).

«Esto relata Papías referente a Marcos. Sobre Mateo dice así: ‹Mateo compuso su discurso en hebreo y cada cual lo fue traduciendo como pudo›» (Papías de Hierápolis, citado por Eusebio de Cesarea, Ἐκκλησιαστικὴ ἱστορία 3.39.16).

«[Los nazarenos] poseen el Evangelio según Mateo en su entereza en hebreo. Porque está claro que ellos lo preservan en letras hebreas, tal como fue escrito originalmente» (Epifanio de Salamina, Panarion 29.9.4).

«Mateo, que era también llamado Leví, apóstol que anteriormente había sido un exactor, escribió un Evangelio del Mesías publicado primeramente en Judea, en lengua y letras hebreas, para el bien de los creyentes que eran de la circuncisión. Este fue luego traducido al griego, pero no se sabe por quién. El texto hebreo mismo se ha preservado hasta hoy en la biblioteca de Cesarea… Yo tuve la oportunidad de recibir este volumen que me describieron los nazarenos de Berea, una ciudad de Siria, que usan este escrito. Es de notar que dondequiera el Evangelista, por su cuenta o en la persona de nuestro Señor el Salvador, cita el testimonio del Antiguo Testamento, lo hace no según la Septuaginta, sino desde la Escritura Hebrea» (Eusebio Jerónimo de Estridón, De Viris Illustribus, 3).

Los nazarenos a quienes se refieren Epifanio y Jerónimo son los cristianos de Oriente, de quienes proviene la Iglesia Asiria. Aparte de ellos, había otro grupo que reconocía solamente el Evangelio Hebreo como Escritura además del TaNaKh, los ebionitas. A ellos también hacen referencia los siguientes párrafos:

«[Los ebionitas] aceptan también el Evangelio según Mateo, y sólo usan ese. Ellos le llaman “según los Hebreos” y es verdad decir que Mateo expuso y predicó el Evangelio en lengua y escritura hebrea» (Epifanio de Salamina, Panarion 30.3.7).

«[Los ebionitas] usaban sólo el llamado Evangelio según los Hebreos, y tenían poca estima del resto» (Eusebio de Cesarea, Ἐκκλησιαστικὴ ἱστορία 3.27.4).

Lo mismo afirmaba Ireneo de Lyon en Adversus Haereses 1.26.2.

Es sabido que los ebionitas negaban el nacimiento virginal de Yeshua, y sin embargo aceptaban solamente el Evangelio de Mateo. Obviamente, este era el texto original de ese Evangelio, que no contenía los actuales capítulos 1 y 2, ni algunos otros párrafos que fueron agregados a la traducción griega, de la cual proviene el texto que hoy tenemos en la Biblia.

Más adelante veremos con mayor detalle algunos aspectos relativos al texto agregado a los Evangelios originales.


Las genealogías de Yeshua

Hemos visto que el texto original del Evangelio en ambas versiones (el Evangelio Hebreo y el Evangelio de Yohanan) inicia con el ministerio de Yohanan el bautizador, y todo relato anterior al mismo pertenece a adiciones tardías. Por ende, el texto antiguo tanto del Evangelio de Mateo como del de Lucas comenzaba en el capítulo 3 en ambos casos. Solamente estos dos de los cuatro evangelistas presentan genealogías de Yeshua, los mismos dos que hablan de su nacimiento, mientras que los otros dos, Marcos y Yohanan, comienzan sus relatos con el ministerio de Yeshua ya adulto. Sin embargo, estas dos genealogías son distintas entre sí, y particularmente la de Mateo no coincide plenamente con aquellas presentadas en las Escrituras, ni con los parámetros de estructura:

 

Genealogía según Mateo

 

 

 

Genealogía según las Escrituras Hebreas

 

 


1:2 Avraham engendró a Yitzhak; Yitzhak engendró a Yakov; Yakov engendró a Judá y a sus hermanos;

 

 

 

1Crónicas 1:34 Avraham engendró a Yitzhak. Los hijos de Yitzhak fueron: Esaú y Israel. 2:1 – Estos son los hijos de Israel: ..., Judá, ...

 

 

1:3 Judá engendró a Peretz y Zerah de Tamar; Peretz engendró a Hetzron; Hetzron engendró a Aram;

 

 

 

2:4 Tamar, nuera de Judá, le parió a Peretz y Zerah. 2:5 – Los hijos de Peretz fueron: Hetzron y Hamul. 2:9 – Los hijos que nacieron a Hetzron fueron:Yerahme’el, Ram y Keluvai.

 

 

1:4 Aram engendró a Amminadav; Amminadav engendró a Nahshon; Nahshon engendró a Salmon;

 

 

 

2:10 Ram engendró a Amminadav; Amminadav engendró a  Nahshon, 2:11 – e Nahshon engendró a Salma;

 

 

1:5 Salmon engendró a Boaz de Rahav; Boaz engendró a Oved de Rut; Oved engendró a Yishai,

 

 

 

(2:11) y Salma engendró a Boaz. Boaz engendró a Oved. 2:12 Oved engendró a Yishai.

 

 

1:6 – e Yishai engendró a David, el rey. David engendró a Shlomoh de la que fue mujer de Uriyah;

 

 

 

2:13 Yishai engendró a... 2:15 ... David el séptimo. 3:1 – Estos fueron los hijos de David 3:5 ...que le nacieron en Jerusalem:... Shlomoh: cuatro hijos nacidos de Bathshua, hija de Ammiel

 

 

1:7 Shlomoh engendró a Rehav’am; Rehav’am engendró a Aviyah; Aviyah engendró a Asa;

 

 

 

3:10 – El hijo de Shlomoh fue Rehav’am, que tuvo por hijo a Aviyah,

 

 

1:8 Asa engendró a Yehoshafat; Yehoshafat engendró a Yehoram; Yehoram engendró a

 

 

 

(3:10) que tuvo por hijo Asa, que tuvo por hijo Yehoshafat, 3:11 – que tuvo por hijo Yehoram,

 

 

 

 

 

 

que tuvo por hijo Ahazyahu, que tuvo por hijo Yehoash,

 

 

Uzziyah;

 

 

 

3:12 – que tuvo por hijo Amatzyahu, que tuvo por hijo Azaryah (Uzziyah),

 

 

1:9 – Uzziyah engendró a Yoatam; Yoatam engendró a Ahaz; Ahaz engendró a Hizkiyahu;

 

 

 

(3:12) que tuvo por hijo Yotam, 3:13 – que tuvo por hijo Ahaz,

 

 

1:10 Hizkiyahu engendró a Menashsheh; Menashsheh engendró amon; Amon engendró a Yoshiyahu;

 

 

 

(3:13) que tuvo por hijo Hizkiyahu, que tuvo por hijo Menashsheh, 3:14 – que tuvo por hijo Amon, que tuvo por hijo Yoshiyahu.

 

 

1:11 Yoshiyahu engendró a

 

 

 

3:15 – Los hijos de Yoshiyahu fueron: Yohanan, el primogénito; Yehoyaqim, el segundo; Tzidkiyahu, el tercero; Shallum, el cuarto.

 

 

Yekhonyah y sus hermanos al tiempo de la deportación a Babilonia.

 

 

 

3:16 – El hijo de Yehoyaqim fue Yekhonyah, que tuvo por hijo Tzidkiyah.

 

 

1:12 – Después de la deportación a Babilonia, Yekhonyah engendró a Shealtiel;

 

 

 

3:17 – Los hijos de Yekhonyah, el prisionero, fueron:

 

 

Shealtiel engendró a Zerubbavel;

 

 

 

(3:17) su hijo Shealtiel, 3:18 – Malkiram, Pedayah, Shenatztzar, Yekamyah, Hoshama e Nedavyah. 3:19 – Los hijos de Pedayah fueron: Zerubbavel ...

 

 

1:13 Zerubbavel engendró a Avihud; Avihud engendró a Elyakim; Elyakim engendró a Azor;

 

 

 

(3:19) Los hijos de Zerubbavel fueron: Meshullam y Hananyah, y Shelomit, su hermana

 

 

1:14 Azor engendró a Tzadok; Tzadok engendró a Akim; Akim engendró a Elihud

 

 

 

20 – y Hashuvah, Ohel, Berekyah, Hasadyah, Yushav-Hesed, cinco en todo.

 

 

1:15 Elihud engendró a El’azar; El’azar engendró a Mattan; Mattan engendró a Yakov;

 

 

 

 

 

 

1:16 Yakov engendró a Yosef, el marido de Miryam, de la cual nació Yeshua, que es llamado Mesías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Generaciones no presentadas por Mateo (5)

 

 

Hijos di Zerubbavel – Avihud, mencionado por Mateo, no aparece en las genealogías de las Escrituras Hebraicas

 

 

Mujeres

 

 

 

Mujeres, nombradas solamente para distinguir sus hijos de aquellos de las otras mujeres del mismo hombre.

 

Resulta evidente que la genealogía presentada por Mateo contiene irregularidades:
* ha omitido cinco generaciones (Ahazyahu, Yehoash y Amatzyahu entre Yehoram y Uzziyah; Yehoyakim entre Yoshiyahu y Yekhonyah, y Pedayah entre Shealtiel y Zerubbavel);
* nombra Avihud como uno de los hijos de Zerubbavel, el cual no aparece en la genealogía presentada por el cronista;
* incluye los nombres de cuatro mujeres – las mujeres no eran nombradas en las genealogías, a menos que fueran importantes para establecer la descendencia en el caso en que el hombre tuviese más de una mujer o concubina. En este caso, aquellas nombradas tienen todas algo que “mancha” la genealogía, como expondremos más adelante;
* nombra a Yekhonyah, del cual está escrito: “Así ha dicho HaShem: «... porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá»” (Jeremías 22:30).
El por qué el escritor haya omitido algunos nombres no es claro; de hecho, incluyendo estos no se puede hacer el cálculo de las “catorce generaciones” – aunque citaremos algunas explicaciones posibles.
Las cuatro mujeres mencionadas tienen características particulares:
* dos de ellas eran gentiles: Rahav y Rut - y Batsheva estaba casada con un gentil;
* tres de ellas eran culpables de pecados sexuales: Tamar de incesto, Rahav de prostitución y Batsheva de adulterio.
El objetivo del escritor aquí se deduce que era el de transmitir el mensaje que Yeshua habría salvado a los gentiles y pecadores. Sin embargo, queda un gran problema: Yekhonyah. En efecto, según las profecías, “ninguno de su descendencia tenía derecho a ser rey de Judá”!
En base a todas estas características, la genealogía que presenta Mateo descalifica a Yeshua como Mesías, y es precisamente así: el objetivo del escritor del Evangelio de Mateo es demostrar que Yeshua, desde el punto de vista legal, no podía ser el Mesías de Judá! Esto no impide que lo sea de Israel. Veamos cuáles eran los requisitos para ser rey de Judá y de Israel:
1) Para ser rey de Judá era necesario pertenecer a la descendencia de David. Todo tentativo de destituir a la Casa de David por parte de los reyes de Israel era destinada a fracasar (Isaías 7:1-2). Además, no podía ser descendiente de Yekhonyah.
2) Para sentarse sobre el trono de Israel era requisito ser nombrado tal directamente de Elohim (como Yarov’am) o una unción profética (Yehu); todos los reyes de Israel que no tenían estos requisitos han sido asesinados (1Reyes 11:26-39; 15:28-30; 16:1-4,11-15; 21:21-29; 2Reyes 9:6-10; 10:29-31; 15:8-12). No era importante la familia de pertenencia, y esto no excluye la misma descendencia de David, sin las excepciones establecidas para el trono de Judá.

En cuanto a las omisiones de los primeros tres reyes, Ahazyahu, Yehoash y Amatzyahu, los apologistas justifican que no se los nombra debido a que pertenecen a la segunda, tercera y cuarta generación de Athalía, hija de Ajav, por lo cual sus nombres han sido borrados (cf. Éxodo 20:4-5 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy YHVH tu Elohim, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”). No hay explicación para la omisión de Yehoyakim. En cuanto a Zorobabel, es llamado “hijo de Shealtiel” repetidas veces (Esdras 3:2,8; 5:2; Nehemías 12:1; Haggeo 1:1,12,14; 2:2,4,23), por lo cual es posible que la mención de Pedayah en 1Crónicas 3:19 tenga que ver con una línea heredada por levirato, siendo uno el padre biológico y el otro el padre por derecho legal.
Por otra parte, acerca del anatema que pesaba sobre Yekhonyah, la tradición rabínica lo limita temporalmente a mientras él viviera, y también sostiene que en el exilio se arrepintió y el designio fue quitado. Bíblicamente, hay elementos que favorecen esta anulación del anatema en Zorobabel, puesto que de Yekhonyah dice que si fuera un anillo sería arrancado (Jeremías 22:24), y luego de Zorobabel dice que fue escogido y puesto como anillo (Haggeo 2:23), como indicación de que fue restaurada esa línea genealógica como legítima para heredar el trono de David.

La genealogía presentada por Lucas 3:23-38 respeta los parámetros hebraicos, no omitiendo nombres ni nombrando las mujeres; sin embargo, esta también contiene imprecisiones:
Hay un Qaynan demás, entre Arpakshad y Shelach (3:36), que no corresponde a las Escrituras – en Génesis 11:12 está escrito: “Arpakshad vivió treinta y cinco años y engendró a Shelach”; la misma sucesión está en 1Crónicas 1:24. El error cometido por el copista del Evangelio de Lucas es debido a que ha tomado como referencia el texto de la Septuaginta, al cual son atribuibles otros errores presentes en el texto del Nuevo Testamento.
En este caso no está Yekhonyah, porque la línea davídica no es aquella de Salomón, sino de otro hijo de David, Natan. Esto no resuelve el enigma de la presencia en el elenco genealógico de un Zerubbavel hijo de Shealtiel (3:27), que puede ser una simple coincidencia –con la misma omisión hecha por el copista de Mateo, de Pedayah entre Shealtiel y Zerubbavel–. Ciertamente, Shealtiel no puede ser contemporáneamente hijo de Yekhonyah y de Neri. Y en este caso, los apologistas exponen que Shealtiel podía ser el yerno de Neri, que continúa legalmente el linaje debido a la falta de hijos varones del suegro.

La diversidad entre las genealogías de Mateo y de Lucas ha sido explicada generalmente asumiendo que esta última se refiere en realidad no a Yosef, sino a Miryam. Expondremos esta explicación sólo a título informativo:
1) Respetando la tradición hebraica de no mencionar las mujeres, la genealogía por línea materna podía ser presentada usando el nombre del marido. Un ejemplo de esta práctica (de atribuir al marido la genealogía de la mujer) se encuentra en Esdras 2:61; Nehemías 7:63. Era por lo tanto usual que un yerno fuese contado en la genealogía de su mujer cuando la familia de ella era importante. Por este motivo, la misma frase se puede traducir en el modo siguiente: “Yeshua, cuando comenzó a enseñar, tenía cerca de treinta años y era hijo, (como se creía de Yosef), de Eli, de Mattatyah, de Levi, etc.”, indicando así que se creía que fuese descendiente de Yosef, pero en realidad lo era de Eli. También el Talmud afirma que Miryam era hija de Eli.
2) De los dos evangelistas que hablan sobre el nacimiento de Yeshua, Mateo enfatiza el punto de vista de Yosef y da menos importancia al de Miryam: él habla del anuncio angélico a Yosef concerniente al nacimiento de Yeshua (1:20), y luego es Yosef que es advertido de huir a Egipto (2:13), y es de nuevo Yosef que recibe el mensaje de retornar a su tierra (2:19); por lo tanto, es lógico que sea su genealogía a ser considerada. Lucas en cambio, narra el punto de vista de Miryam: es a ella que el ángel anuncia el nacimiento de Yeshua (1:28), luego el evangelista habla de la visita de Miryam a Elisheva, su cántico (1:46-55), los sentimientos de Miryam (2:19,51), las palabras de Shimon dichas a Miryam (2:34-35), y lo que ella dice a Yeshua en el Templo (2:48). Lucas en efecto, dá importancia a Miryam, y por lo tanto también la genealogía debería ser la de Miryam.
Sin embargo, de ser así, la genealogía que presenta Lucas no tendría ningún valor a los efectos de considerar a Yeshua como heredero de David, porque la pertenencia a un linaje se establece exclusivamente por la línea paterna – Ver: “El Mesías, hijo de David”.

Ya hemos dicho que la condición para ser rey de Israel era ser nombrado directamente a través de un testimonio profético; Lucas nos refiere las palabras de Shimon: «Porque mis ojos han visto tu misericordia, que has preparado delante de todos los pueblos, luz de revelación para los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2:30- 32). Este pasaje contiene particulares interesantes: en primer lugar, el nombre de este hombre, Shimon, es extrañamente traducido en las lenguas occidentales “Simeón” (como en las Escrituras Hebraicas), cuando el mismo nombre en el Nuevo Testamento es siempre traducido “Simón”. Shimon, o sea “Simeón”, es una de las Tribus de Israel. Él anunció que Yeshua habría sido “luz de revelación para los gentiles”, y luego, gloria del pueblo de “Israel”, que no es lo mismo que Judá...
Este capítulo continúa con otro dato muy importante: “Estaba también Hannah, profetisa, hija de Fanuel, de la Tribu de Asher” (2:36) – por qué motivo es especificada la Tribu de pertenencia de esta profetisa? Asher era una de las Tribus de la Casa de Israel, en Galilea. Y sabemos que ningún profeta de la Casa de Israel ha tenido nunca autoridad de profetizar sobre la Casa de Judá (mucho menos una mujer...). El hecho que Elohim haya mencionado Yeshua como el Redentor a través de una mujer de la Casa de Israel indica que su misión mesiánica era propiamente la del Mesías ben-Yosef, y no concierne a los Judíos.


¿Cuándo nació Yeshua de Nazaret?

Además de las dos genealogías, en los Evangelios hay dos relatos distintos acerca del nacimiento de Yeshua, que contienen discrepancias irreconciliables en varios aspectos – en este estudio trataremos solamente los aspectos cronológico y geográfico. Ambos relatos fueron agregados a los respectivos Evangelios con posterioridad al texto más antiguo, ya que todos los Evangelios originalmente comenzaban con el ministerio de Yohanan el bautizador. De ambos relatos –Mateo y Lucas– veremos primero este último, porque contiene datos más verosímiles y coherentes con toda la historia de Yeshua en cuanto a cronología, y luego cotejaremos con lo que dice el de Mateo.

Lucas 1:5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisheva.
1:26 Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado de Elohim a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth,
1:27 A una virgen desposada con un varón que se llamaba Yosef, de la casa de David: y el nombre de la virgen era Miryam.
1:31 Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Yeshua.
1:32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Elohim el trono de David su padre:
1:33 Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.
1:39 En aquellos días levantándose Miryam, fue a la montaña con priesa, a una ciudad de Judá;
1:40 Y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisheva.
1:56 Y se quedó Miryam con ella como tres meses: después se volvió a su casa.
2:1 Y aconteció en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.
2:2 Este empadronamiento primero fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria.
2:3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
2:4 Y subió Yosef de Galilea, de la ciudad de Nazareth, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;
2:5 Para ser empadronado con Miryam su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
3:1 Y en el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,
3:23 Y el mismo Yeshua comenzaba a ser como de treinta años, etc.

Notemos aquí en primer lugar dónde vivían Miryam y Yosef: “Gabriel fue enviado a una ciudad de Galilea llamada Nazareth, a una virgen cuyo nombre era Miryam”. Luego ella “fue a una ciudad de Judá” y después “volvió a su casa” (o sea, a Nazareth). Después de esto, “subió Yosef de Galilea, de la ciudad de Nazareth, a Judea”. En todo el relato está claro que Yosef y Miryam vivían en Nazareth, y que para ellos Beytlehem era “una ciudad de Judea”, no su hogar. Tengamos esto presente cuando pasemos a ver el relato del Evangelio llamado de Mateo.

Continuemos ahora con el aspecto cronológico:

• Tiberio César fue emperador desde el 18 de septiembre del año 14 EC hasta su muerte, el 16 de marzo del año 37 EC. Esto indica que el año quince de su imperio fue el año 29 EC.
• Poncio Pilato fue prefecto de la provincia romana de Judea entre los años 26 y 36 EC.
• Herodes tetrarca de Galilea, que es Herodes Antipas, fue tetrarca de Perea y Galilea desde el 4 AEC hasta el 39 EC. Hijo de Herodes I "el Grande" y de la samaritana Malthace, y hermano de Herodes Arquelao (cf. Mateo 2:22).
• Herodes Filipo fue tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite desde el 4 AEC hasta el 34 EC.
• Lisanias tetrarca de Abilinia: sobre él hay datos inciertos, aunque se han descubierto documentos que comprueban el gobierno de un tal Lisanias en la región de Abilinia, durante los años que los gobernantes anteriores también estaban en el poder.

Estos datos nos indican que Yeshua “comenzaba a ser como de treinta años”, es decir, apenas había cumplido esa edad entre los años 26 EC (comienzo del gobierno de Pilato) y el el 34 EC (muerte de Herodes Filipo). Teniendo en cuenta que no existe el “año 0”, sino que se pasa del 1 AEC al 1 EC, estos datos darían como año de nacimiento no antes del 5 AEC, ni después del 4 EC. Pero el dato más significativo es el año 15 de Tiberio, cuando Yohanan el bautizador comenzó su ministerio, era el año 29 EC. Yohanan era ya conocido cuando Yeshua inició el suyo, por lo cual podemos decir con bastante certeza que su misión comenzó al año siguiente, es decir, en el 30 EC. Y es probable que se haya tomado este dato para marcar el comienzo de la “Era Cristiana” cuando se cambió el calendario. Por lo tanto, Yeshua tendría efectivamente 30 años en el año 30 EC, y siendo así, es imposible que hubiera nacido durante el reinado de Herodes I como lo quiere la tradición. Esquema cronológico aquí.
Los datos que proporciona Lucas están en indudable conflicto cronológico con los de Mateo 1 y 2, que señalarían a Herodes I como reinante cuando nació Yeshua. Ahora bien, también hay que tomar en cuenta otra incongruencia dentro del mismo Evangelio de Lucas: “este empadronamiento primero fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria”. El único gobernador de Siria llamado Cirenio fue Publio Sulpicio Quirinio, y fue nombrado tras la destitución de Arquelao en el año 6 EC, y en ese tiempo Judea fue anexada a Siria, por ese motivo habría sido Cirenio quien hiciera el censo. Esto supondría que Yeshua no nació antes del 6 EC, por lo cual en el año 15 de Tiberio tendría apenas 23 años y a la muerte de Herodes Filipo tendría sólo 28. Evidentemente, la mención de este censo es incorrecta.

Veamos ahora qué dice el Evangelio de Mateo con respecto al nacimiento de Yeshua:

Mateo 2:1 Y como fue nacido Yeshua en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente a Jerusalem,
2:16 Herodes entonces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho, y envió, y mató a todos los niños que había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los magos.
2:22 Y oyendo [Yosef] que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temió ir allá: mas amonestado por revelación en sueños, se fue a las partes de Galilea.
2:23 Y vino, y habitó en una ciudad que se llama Nazareth: para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.

En esta versión se presenta a Bethlehem como el hogar, la residencia permanente de Yosef y Miryam, y la intención de Yosef después de la presunta huída a Egipto era de regresar allí, pero fue advertido de ir a “una ciudad que se llama Nazareth”. Evidentemente, este relato contrasta con el de Lucas en el aspecto geográfico. Pasemos ahora a considerar el cronológico.

Hemos visto que había varios Herodes, y este podría haber sido Herodes Antipas, el mismo ante el cual Yeshua se encontró enviado por Pilato para ser interrogado. Sin embargo, un detalle es el que lo identificaría con Herodes I, padre del anterior: “Y oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre”.

• Herodes I, llamado “el Grande” fue rey de Judea, Galilea, Samaria e Idumea desde el 40 AEC hasta el 4 AEC. Era un idumeo helenizado.
• Herodes Arquelao fue etnarca de Judea, Samaria e Idumea, desde el 4 AEC hasta el 6 EC, que fue destituido y reemplazado por Cirenio. Era hijo de Herodes I y de la samaritana Malthace, hermano de Herodes Antipas, y medio hermano de Herodes Filipo.

El único elemento que identificaría al Herodes de Mateo 2 con Herodes I es que en su lugar reinó su hijo Arquelao. Pero vemos que este Herodes murió en el año 4 AEC, y que presuntamente ordenó la matanza de todos los niños de Bethlehem de edad de dos años o menos, “conforme al tiempo que había entendido de los magos”, lo cual situaría el nacimiento de Yeshua hacia el año 6 AEC (admitiendo que este fuera el último hecho de Herodes y hubiera muerto inmediatamente después de la masacre de Bethlehem, de otra manera, el nacimiento podría haber sido incluso antes). De haber sido así, en el año 15 del reinado de Tiberio, Yeshua no “comenzaría” a ser como de treinta años, sino que tendría por lo menos 36 años! (ya al inicio del gobierno de Pilato tendría por lo menos 32 años).
Por otra parte el Evangelio de Mateo no menciona ningún censo.
Evidentemente, los dos primeros capítulos de Mateo han sido agregados al Evangelio original, porque el contenido del relato es más compatible con el mito que con los hechos, y se configura una intencionalidad en representar su nacimiento como cumplimiento de profecías. De hecho, estos dos capítulos, además de contener el relato inexplicable e incómodo de la adoración de adivinos y astrólogos que reconocieron al Mesías a través de sus artes mágicas, hay una sucesión de incongruencias que pretenden ser cumplimiento de profecías:

Mateo 1:21 Y parirá un hijo, y llamarás su nombre Yeshua, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
1:22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo:
1:23 He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarás su nombre Imanuel, que declarado, es: Con nosotros Elohim.

Si su nombre fue Yeshua, y en todo el resto del Evangelio, así como en los otros Evangelios se lo reconoce por ese único nombre, ¿cuándo y por quién habría sido llamado Imanuel? – por otra parte, la profecía a la cual hace referencia, que es Isaías 7:14, no habla de “virgen”, que en hebreo es “bethulah”, sino de “joven mujer”, que es la palabra usada por el Profeta, en hebreo “almah” – tema de otro estudio (ver: “El Mesías, hijo de David” y “desposada”).

Mateo 2:14-15 Y él despertando, tomó al niño y a su madre de noche, y se fue a Egipto; y estuvo allá hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo: De Egipto llamé a mi hijo.

Aquí también cita un texto que no es una profecía, ni se refiere al Mesías:
Oseas 11:1 - Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.
Como es obvio, el “hijo” en cuestión es Israel, y el texto de Oseas coincide con lo escrito por Moisés en Éxodo 4:22-23 - Y dirás a Faraón: YHVH ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir: he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.
Y por último, la profecía que no es tal, y que ningún teólogo ha sabido explicar convincentemente:

Mateo 2:23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.

¿Por cuáles Profetas fue dicho que el Mesías sería llamado Nazareno? No hay tal profecía en las Escrituras.
Por lo tanto, considerando la mayor precisión histórica del Evangelio de Lucas, la conclusión es que Yeshua nació durante el reinado de Herodes Arquelao, y que los dos primeros capítulos de Mateo son un agregado posterior al Evangelio y corresponden al mito más bien que a los hechos. Además de esto, nunca hubo ni Magos de Oriente (*), ni masacre de niños de Bethlejem, ni huída a Egipto (*), cosas que probaremos en otro estudio.

Es superfluo decir que el nacimiento de Yeshua no ocurrió en la fecha en la cual se lo celebra, sino al inicio del otoño. Según los datos que nos da Lucas, él nació seguramente en el día de una festividad judaica, probablemente Sukkot, y no fue en un establo sino en una “sukkah”. Esta solemnidad se celebra en el mes de Tishri/Etanim, que corresponde al periodo de la vendimia.