Edom

 

Si se nos preguntara cuál es después de Israel la nación de mayor relevancia en la Biblia y en la historia, a la mayoría de nosotros nos vendría en mente que quizás esa nación pueda ser Egipto: es en Egipto donde Israel pasó de ser una familia a ser un pueblo, donde se formó su identidad, y la celebración de Pesaj conmemora la salida triunfal de los Israelitas de Egipto como el evento histórico más importante, que debe ser transmitido de padres a hijos por todas las generaciones. O quizás podríamos pensar que es Asiria, el imperio más formidable de la antigüedad, que deportó a Israel y que causó la dispersión de las “Tribus Perdidas” hasta hoy, y la única nación gentil a la cual se han dedicado dos libros completos de la Biblia –Jonás y Nahum–. O tal vez consideraríamos que es Babilonia, que destruyó el primer Templo y deportó a Judá, que proféticamente representa la cabeza de todos los imperios mundiales, el lujo, la riqueza material, la opulencia, la magnificencia de este mundo, y el pecado, y que en definitiva es donde nació el judaísmo y la identidad judía actual. Cada una de estas naciones fue la más importante para Israel en un determinado periodo histórico, pero ninguna lo es desde el principio hasta el final.
Hay un pueblo que en la historia secular pasa desapercibido, y en la historia bíblica no hace notar su importancia, sin embargo es, después de Israel y en relación a Israel, la nación de mayor relevancia a través de los tiempos. Ese pueblo es Edom.
Edom representa al antagonista por naturaleza, porque no es un extraño, sino que es el hermano gemelo de Israel. Edom hacia Israel no es como Ismael con respecto a Yitzhak, porque mientras Ismael nació de la sierva, Esaú nació de la misma madre, y en el mismo parto que Jacob. Esaú es el alter ego de Jacob, tiene el mismo patrimonio genético, el mismo ADN, y no es más malo ni más bueno que Jacob, aunque después las vicisitudes hayan determinado que uno de los dos debe resultar elegido a desventaja del otro. Sin embargo, no son opuestos como la bendición y la maldición, porque ambos fueron bendecidos. Esaú no recibió la maldición como Canaán, sino una bendición condicional, como veremos más adelante. Esaú es en definitiva el hermano de Jacob, y Edom el rival de Israel. Edom no representa el mal absoluto –ese es Amalec, que proviene, aparentemente, de Edom, pero es una entidad diferente–, sino que en Edom, como en el Árbol del Conocimiento, el bien y el mal conviven en un mismo fruto.

La identidad de Edom: Esaú

Génesis 36:1 Y éstas son las generaciones de Esaú, el cual es Edom. (עשׂו הוא אדום)
36:8 Y Esaú habitó en el monte de Seir: Esaú es Edom. (עשׂו הוא אדום)
36:19 Estos, pues, son los hijos de Esaú, y sus duques: él es Edom. (עשׂו הוא אדום)
36:43 Estos fueron los duques de Edom por sus habitaciones en la tierra de su posesión.
Edom es el mismo Esaú, padre de los Edomitas. (אדום – הוא עשׂו אבי אדום)

El capítulo 36 de Génesis es una interrupción en el relato, completamente dedicado Esaú, del cual afirma cuatro veces “Esaú es Edom”. ¿Por qué tanto énfasis en esto? Cuando una cosa es repetida tres veces es firme, cuando lo es cuatro veces, es inamovible (cf. Proverbios 30). Esta identidad representa una perpetuidad, y aunque cambien los tiempos y las situaciones, permanece. Puede transformarse, evolucionar, pero el origen, el principio, es inalterable. Eso quiere decir que así como Israel existe en la actualidad, Esaú, o sea Edom, también existe.
Pero antes de entrar en el aspecto histórico de Edom, veamos brevemente el carácter de los mellizos, Esaú y Jacob.

Génesis 25:24 Y como se cumplieron sus días para parir, he aquí mellizos en su vientre. 25 Y salió el primero rubio, y todo él velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 26 Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú: y fué llamado su nombre Jacob.

Desde su nacimiento ya fue definido el carácter de cada uno en los nombres que les fueron dados:
Esav, del verbo asáh (hebreo moderno la’asót), hacer, ocuparse, empeñarse, cumplir, esforzarse, ser industrioso, laborioso, útil, implica conceptos positivos, una persona que trabaja, que trata de hacer lo que esté a su alcance, y también se puede entender como una persona simple, práctica, empírica.
Por otra parte, Yakov, del verbo aqab (hebreo moderno le’eqóv), significa literalmente “el que aferra el talón (de otro)” en el sentido de suplantar, incluso usando artimañas, un usurpador, alguien que logra sus objetivos con astucia, como está escrito en Génesis 27:36 “Y él [Esaú] respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces; alzóse con mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición”. El nombre Yakov implica conceptos negativos, no es posible encontrar alguna virtud intrínseca en el hecho usurpar, es de por sí ilegal, aunque a veces quien toma el puesto de otro puede ser mejor que aquél a quien ha suplantado, pero es de todas maneras fuera de la ley, al margen del orden institucional.
Es decir, que en base al carácter de cada uno, el “malo” era Jacob, no Esaú. En efecto, vemos en Esaú una persona ruda, simple, sin malicia, que después de haber entendido que fue engañado por su hermano aún pedía ser bendecido, porque en realidad creía en la bendición, aunque no le haya dado la importancia que merecía por ocuparse de su trabajo, y clama a su padre diciendo: “¿No has guardado bendición para mí? ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? bendíceme también á mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró” (Génesis 27:36,38). Y, aunque en el momento vino a Esaú la idea de matar a su hermano por haberle traicionado –reacción humanamente comprensible, y más en aquellos tiempos– a la hora de la verdad, cuando volvió a ver a su hermano Jacob, esto es lo que sucedió:
“Y Esaú corrió á su encuentro, y abrazóle, y echóse sobre su cuello, y le besó; y lloraron. Y él [Esaú] dijo: ¿Qué te propones con todas estas cuadrillas que he encontrado? Y él respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. Y dijo Esaú: Harto tengo yo, hermano mío: sea para ti lo que es tuyo” (Génesis 33:4,8,9).
En ese momento Jacob, con cargo de conciencia por haber engañado a su hermano y después de haber recapacitado porque vivió años de penurias con un suegro igual de embustero y oportunista que él, encuentra a un Esaú que, como toda persona impulsiva, olvida su ira y lo recibe como hermano, como si no hubiera pasado nada. De hecho, vemos en Esaú a la persona inculta, que no tiene gran aprecio por la herencia espiritual y se dedica a lo práctico, terrenal, pero no tiene maldad en sí, sino impulsos, que olvida la traición de un hermano y busca la paz. Es Jacob quien piensa el mal, creyendo que su hermano tendría intenciones de matarlo. Esaú había dejado atrás el mal recibido, Jacob era en realidad quien pensaba que podía haber rencor por parte de su hermano.

Las bendiciones que recibieron ambos hermanos no son muy diferentes en el aspecto general – y no nos corresponde considerar en términos de la legislación moderna la validez de un beneficio obtenido con engaño o por fraude, como consta en Génesis 27:24 “Y dijo [Yitzhak]: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y él [Jacob] respondió: Yo soy”, ya que un tribunal occidental en estos tiempos seguramente declararía nula una tal bendición y acogería la apelación de la parte perjudicada. Evidentemente, en la era patriarcal una sentencia era firme aunque haya sido obtenida ilegítimamente, y la palabra pronunciada era irrevocable. Pasemos entonces a considerar el contenido de las dos bendiciones:

A Jacob:

Génesis 27:28 Elohim, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. 29 Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti: Sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre: Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.

A Esaú:

Génesis 27:39 He aquí será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; 40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás: Y sucederá cuando te enseñorees, que descargarás su yugo de tu cerviz.

Ambos reciben las grosuras de la tierra y el rocío del cielo. A Jacob además se complementa esta bendición de carácter agrícola con la abundancia de trigo y de mosto. Es en el aspecto político que ambas difieren: a Jacob se le concede el reino y se le transmite la bendición dada a Abraham, mientras a Esaú se le asegura su supervivencia por medio de la espada, con la promesa de que logrará librarse de la servidumbre cuando se irá lejos – que es el sentido implícito del término traducido aquí como enseñorearse, o tener dominio, porque literalmente, el verbo hebreo expresado en tiempo futuro contiene un significado muy enigmático: vagar, deambular, viajar sin rumbo, más bien que enseñorearse; por este motivo en algunas traducciones este pasaje está expresado de otra manera, por ejemplo: “cuando te impacientes” (LBLA), o en las versiones en italiano: “conducendo una vita errante” (Luzzi, NR); en francés: “mais en errant librement çà et là” (NEG1979, LSG), “mais, errant çà et là” (BDS); en inglés “when thou shalt shake away” (Wycliffe Bible), mientras la mayoría de las otras traducciones inglesas usan “grow restless” o “break loose”, indicando movimiento, inquietud, más que dominio o señorío.
Este anuncio en parte enmienda la bendición dada a Jacob, haciéndola condicional, puesto que Esaú en algún momento revertiría la situación librándose de la sujeción a su hermano. Veremos más adelante cómo se dieron estos hechos en la historia.
En cuanto a los sucesos inmediatos durante la vida de ambos patriarcas, ambos fueron prosperados, pero Esaú de hecho lo fue más: Mientras Jacob era un fugitivo al servicio del taimado de su suegro –del cual heredó mucho de su carácter pues era también su tío–, Esaú en esos veinte años construyó una nación y se hizo inmensamente rico. Jacob vivió como extranjero en la tierra de los Cananeos, y terminó su vida en Egipto, con una familia de 70 personas (Génesis 46:27). Esaú en cambio, tenía ya un reino y su propia tierra, y un ejército de al menos cuatrocientos hombres. En la vida real, fue Jacob quien se inclinó ante Esaú (Génesis 33:3).
¿Cómo logró Esaú fundar una nación en tan poco tiempo? Seguramente fue un valeroso guerrero que obtuvo el respeto del pueblo donde fue a habitar, pero además usó un sistema poco común para su tiempo – sistema que siglos después Edom volvió a usar cuando fundó su dominio en otras tierras.
Veamos entonces cómo se constituyeron la familia y el reino de Esaú:

La nación de Edom

Génesis 26:34 Y cuando Esaú fué de cuarenta años, tomó por mujer a Judith hija de Beeri Hetheo, y a Basemat hija de Elón Hetheo.
28:9 Y fuése Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalath, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nabaioth, además de sus otras mujeres.
36:1 Y estas son las generaciones de Esaú, el cual es Edom. 2 Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón Hetheo, y a Aholibama, hija de Ana, hija de Zibeón el Heveo; 3 Y a Basemath, hija de Ismael, hermana de Navaioth.

Esaú tomó tres mujeres: dos Cananeas y una Ismaelita. Observamos también que todas ellas tienen dos nombres, por lo cual es necesario identificarlas, y que el escritor se esmera en dar detalles sobre la proveniencia étnica de cada una.
Yehudit (26:34), hija de Be’eri Hitita es Aholibama (36:2), que por línea materna es hija de Anah, hija de Zibeón, el cual es Heveo, y por lo tanto podemos determinar que esta mujer pertenecía ya a una alianza de dos pueblos. De ella Esaú tiene tres hijos: Ye’ush, Ya’alam y Koraj (36:5).
Basmath (26:34) es Adah (36:2), hija de Elón, Hitita. De ella tiene a Elifaz, que parece haber sido el más prominente. Mahalath (28:9) es Basmath (36:3), hija de Ismael y por lo tanto prima hermana de Esaú. De ella tiene a Reu’el.
Por lo tanto, Esaú forma una familia multiétnica: tres de sus hijos son –además de Hebreos por parte del mismo Esaú– en parte Hititas y en parte Heveos, pueblo que era una rama de los Hurritas. Otro de sus hijos era Hitita por su madre, y Hebreo por su padre, y solo Reu’el descendía de Avraham por ambas líneas, aunque en gran parte también era Egipcio, puesto que tanto la mujer como la madre de Ismael eran Egipcias (ver tabla).

A su propia familia, se agregó también el pueblo que ya habitaba en la tierra de Seir, como leemos:

Génesis 36:20 Y estos son los hijos de Seir Horeo, moradores de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Ana, 21 Disón, Ezer, y Disán: estos son los duques de los Horeos, hijos de Seir en la tierra de Edom.

Es decir, en Edom había duques o jefes –en hebreo la palabra aquí es aluf, pl. alufim– que pertenecían a la familia de Esaú, y otros que eran del pueblo Horeo, o Hurrita, al cual los Edomitas absorbieron y asimilaron.
Entonces nos encontramos con una población mixta, surgida de alianzas matrimoniales por las cuales Esaú se aseguró la paz con sus vecinos Cananeos y con los Ismaelitas, y pudo construir su propio señorío. Pero la particularidad más interesante la encontramos en la lista de los reyes de Edom:

Génesis 36:31 Y los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase rey sobre los hijos de Israel, fueron estos:
32 Bela, hijo de Beor, reinó en Edom: y el nombre de su ciudad fué Dinhaba.
33 Y murió Bela, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zeraj, de Bosra.
34 Y murió Jobab, y en su lugar reinó Husam, de tierra de Temán.
35 Y murió Husam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Badad, el que hirió á Midián en el campo de Moab: y el nombre de su ciudad fué Avith.
36 Y murió Hadad, y en su lugar reinó Samla, de Masreca.
37 Y murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rehoboth del Río.
38 Y murió Saúl, y en lugar suyo reinó Baalanán, hijo de Achbor.
39 Y murió Baalanán, hijo de Achbor, y reinó Hadar en lugar suyo: y el nombre de su ciudad fué Pau; y el nombre de su mujer Meetabel, hija de Matred, hija de Mezaab.

Notamos que de estos ocho reyes ninguno es hijo del anterior y cada uno reina desde su propia ciudad. Aparentemente, sólo el segundo era descendiente de Esaú, o sea Yovav, hijo de Zeraj, hijo de Reuel (36:13). El hecho de que aparezca como más importante la lista de duques o jefes que la de los reyes nos indica que estos últimos eran elegidos por el consejo de jefes, los cuales pertenecían no sólo a la descendencia de Esaú sino también a otras etnias. Un sistema bastante singular para aquél tiempo. Edom era, de hecho, una confederación, en la cual no sólo había auténticos Edomitas sino también Hurritas, Hititas, Nabateos, Madianitas y otros pueblos.
Es significativo que sólo del último rey se menciona también quien fue su mujer, la cual debe haber sido una persona importante en aquél tiempo.

A pesar de esta amalgama con pueblos que los descendientes de Avraham no debían mezclarse, en Edom había mucho conocimiento de YHVH y al parecer este era el culto nacional, al menos durante el primer periodo. Las Escrituras nos confirman que YHVH era el Dios de Edom, y desde Edom se mostró a los Israelitas:

Deuteronomio 33:1 Y ésta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Elohim á los hijos de Israel, antes que muriese.
2 Y dijo: YHVH vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció del monte de Parán, y vino con diez mil santos: A su diestra la ley de fuego para ellos.
3 Aun amó los pueblos; todos sus santos en tu mano: Ellos también se llegaron á tus pies: Recibieron de tus dichos.

Jueces 5:3 Oid, reyes; estad, oh príncipes, atentos: Yo cantaré á YHVH, cantaré salmos á YHVH Elohim de Israel.
4 Cuando saliste de Seir, oh YHVH, cuando te apartaste del campo de Edom, la tierra tembló, y los cielos destilaron, y las nubes gotearon aguas.
3 Los montes se derritieron delante de YHVH, aqueste Sinaí, delante de YHVH Elohim de Israel.

Habacuc 3:3 Elohim viene de Temán, y el Santo del monte de Parán, (Selah) Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se llenó de su alabanza.

En efecto, hay varios personajes que vivían en Edom, o eran Edomitas o estaban de alguna manera relacionados con Edom, de los cuales nos hablan las Escrituras: Job y sus amigos, Jethro y Balaam.

Job: Aunque ya hemos presentado algunas consideraciones en otro capítulo (“¿Quién era Job, y en qué época vivió?”), mencionaremos aquí algunos puntos que lo relacionan definitivamente con Edom:
· Habitaba en la tierra de Uz, la cual es en Edom (Lamentaciones 4:21).
· Sus amigos provenían de otras ciudades y parecen ser personas importantes, lo que coincide con las características de los duques, o jefes, de Edom, de los cuales también Job sería uno – en este sentido se ha intentado identificarlo con Jobab, nieto de Esaú y segundo rey de Edom, aunque la interpretación es forzada.
· Uno de ellos, Elifaz Teymanita, es un descendiente directo de Esaú.
· Job ejercía funciones sacerdotales, puesto que ofrecía sacrificios expiatorios, lo cual podría quizás indicar que en Edom existiera alguna forma de sacerdocio organizado y oficial.

Jethro: El sabio consejero de Moisés. Si bien Jethro no habitaba en territorio de Edom sino en Madián y es llamado Madianita y Keneo, pero no Edomita, también tenía como nombre Reuel (Éxodo 2:18; Números 10:29), que es el mismo del hijo de Esaú y de su mujer Ismaelita, por lo cual Jethro podría tener también alguna línea de descendencia, o pertenecer a ese clan o ejercitar el sacerdocio así como Job, con el cual parece exista alguna relación directa. De hecho, los pueblos abrahámicos en ese periodo convivían e interactuaban fluidamente, y siendo en general nómades no había disputas territoriales significativas –el mismo país de Edom no tenía límites definidos– y en especial los Madianitas estaban con frecuencia entre los Ismaelitas, con los Israelitas, y en alguna oportunidad también con los Moabitas (Números 22:4), episodio en el que encontramos al próximo personaje.

Balaam: Así como de Job, no sabemos con certeza su procedencia. Es llamado "el varón de los ojos abiertos", un adivino contratado por Moabitas y Madianitas (Números 22:7), que lo hacen venir desde su residencia en Pethor sobre el Éufrates, o sea, del país de Aram. Sin embargo, su nombre nos da un indicio interesante: es idéntico al del primer rey de Edom – Bil’am ben-Be’or (Números 22:4) y Bel’a ben-Be’or (Génesis 36: 32) se escriben de la misma manera, sólo agregando una mem final, Bel’a (בלע בן־בעור) pasa a ser Bil’am (בלעם בן־בעור), por lo tanto Balaam sería seguramente descendiente del primer rey de Edom, y por eso es llamado “hijo de Beor”, aunque habitaba en una ciudad perteneciente a los Arameos. Éste también conocía a YHVH, no era un adorador de dioses paganos, aunque usó su conocimiento para el mal.

Estos pasajes nos muestran que Edom tenía una organización pluralista, con reyes electivos, sacerdotes y videntes que no necesariamente debían pertenecer a un linaje determinado. La lista de los reyes nos sugieren alguna relación con los antes mencionados, pero aún contiene misterios: ¿Por qué Moisés habría incluido el nombre de la esposa del octavo rey? Seguramente sería una persona conocida para los Israelitas, aunque nada más se nos dice de ella.


El cambio repentino y la rivalidad con Israel

Después del emotivo reencuentro entre Jacob y Esaú, conociendo Esaú que la tierra de Canaán había sido prometida a Jacob, él se retiró a Seir, donde fundó su reino.

Génesis 36:6 Y Esaú tomó sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y toda su hacienda que había adquirido en la tierra de Canaán, y fuése a otra tierra de delante de Jacob su hermano. 7 Porque la hacienda de ellos era grande, y no podían habitar juntos, ni la tierra de su peregrinación los podía sostener a causa de sus ganados. 8 Y Esaú habitó en el monte de Seir: Esaú es Edom.

Desde este momento no podemos encontrar durante la vida de Esaú ninguna actitud hostil hacia su hermano, ni tampoco por parte de sus inmediatos descendientes. La división de la tierra era respetada al punto que mientras los Israelitas estaban en Egipto los Edomitas no ocuparon Canaán, aún teniendo la capacidad militar para hacerlo.
Algunas generaciones más tarde, cuando los Israelitas salen de Egipto, reciben la orden de respetar el territorio que Elohim asignó a Esaú:

Deuteronomio 2:4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el término de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho: 5 No os metáis con ellos; que no os daré de su tierra ni aun la holladura de la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir. 6 Compraréis de ellos por dinero las viandas, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y beberéis.

Sin embargo, el rey de Edom, cuyo nombre no es revelado en este pasaje, responde en una manera completamente opuesta a la del fundador de su nación:

Números 20:14 Y envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cades: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido: 15 Cómo nuestros padres descendieron a Egipto, y estuvimos en Egipto largo tiempo, y los Egipcios nos maltrataron, y a nuestros padres; 16 Y clamamos a YHVH, el cual oyó nuestra voz, y envió ángel, y sacónos de Egipto; y he aquí estamos en Cades, ciudad al extremo de tus confines: 17 Rogámoste que pasemos por tu tierra; no pasaremos por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozos: por el camino real iremos, sin apartarnos a la diestra ni a la siniestra, hasta que hayamos pasado tu término. 18 Y Edom le respondió: No pasarás por mi país, de otra manera saldré contra ti armado. 19 Y los hijos de Israel dijeron: Por el camino seguido iremos; y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas: ciertamente sin hacer otra cosa, pasaré de seguida. 20 Y él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte. 21 No quiso, pues, Edom dejar pasar a Israel por su término, y apartóse Israel de él.

¿Qué fue lo que sucedió, que cambió la buena predisposición de los Edomitas hacia sus hermanos Israelitas? Si bien no los atacaron y los dejaron circular en paz a lo largo de los confines de su país, tampoco los dejaron cruzar para acortar camino hacia Canaán.
Durante todo este periodo aparentemente no se relacionaron entre ambos pueblos, puesto que los Israelitas estaban en Egipto desde que Jacob y Esaú todavía vivían, y los Edomitas habitaban en Seir. En este sentido, nos es oculto el motivo de este cambio de actitud, aunque algunos autores como David J. Gibson proponen la hipótesis de que estuvieron en contacto en Egipto, presumiendo que los Edomitas podrían ser los Hyksos que gobernaron esa tierra cuando los Israelitas estaban ya allí. Hay muchos elementos que avalarían una tal asociación, pero la cronología no es favorable – considerando que los hijos de Esaú eran contemporáneos de Yosef, hasta que Edom tuviera la capacidad de tomar el poder en Egipto tendrían que haber pasado algunas generaciones más, si bien Edom logró rápidamente organizarse creando una alianza o federación con los pueblos circunstantes. Por otra parte, Tzoán, que es Tanis –o Avaris, la capital de los Hyksos–, ya había sido fundada en tiempos de Avraham (Números 13:22; cf. Génesis 13:18) y el Faraón reinante ante quien estuvo Avraham parece haber tenido conocimiento de Elohim, lo cual es un indicio de que podría haber sido uno de los Hyksos, que eran monoteístas, y esta cronología descarta la posibilidad de identificar a reyes de Edom con aquellos reyes de Egipto.
Posiblemente, algo había ocurrido entre ellos que los apartó y con el tiempo pasaron a ser adversarios. Sin embargo, no hay constancia de ningún momento de tensión entre Israel y Edom durante todo el periodo de los Jueces, y no se menciona a Edom sino en el cántico de Déborah, donde se lo identifica con el Monte Sinaí (Jueces 5:4-5) y en la embajada de Yiptah al rey de Ammón (Jueces 11:15-18) que se refiere al Éxodo a través del desierto. Es recién bajo el reinado de Shaul que se registra la primera acción bélica, y por cuanto nos pueda parecer sorprendente, es Israel que ataca a Edom:

1Samuel 14:47 Y ocupando Saúl el reino sobre Israel, hizo guerra a todos sus enemigos alrededor: contra Moab, contra los hijos de Ammón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los Filisteos: y a donde quiera que se tornaba era vencedor.

Durante los reinados de David y Salomón no hubo más reyes en Edom, sino gobernadores que fueron vasallos de Israel y de Judá:

2Samuel 8:14 Y puso [David] guarnición en Edom, por toda Edom puso guarnición; y todos los Edomitas fueron siervos de David.

Más detalles sobre las andanzas de Yoav, general de David, en tierra de Edom son referidos en el Libro de los Reyes:

1Reyes 11:14 Y YHVH suscitó un adversario a Salomón, a Hadad, Edomita, de la sangre real, el cual estaba en Edom. 15 Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a todos los varones de Edom, 16 Porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que dieron muerte a todos los varones en Edom; 17 Entonces huyó Hadad, y con él algunos varones Edomitas de los siervos de su padre, y fuése a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño. 18 Y levantáronse de Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán, viniéronse a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual le dió casa, y le señaló alimentos, y aun le dió tierra. 19 Y halló Hadad grande gracia delante de Faraón, el cual le dió por mujer a la hermana de su esposa, a la hermana de la reina Thaphnes.

Yoav exterminó a todo varón –significa, todo hombre apto para la guerra– y mantuvo el dominio de Judá sobre Edom. Hadad, que era de linaje real (quizás descendiente del cuarto rey de Edom) se refugió en Egipto (otro detalle que dificulta la teoría de identificar a los Edomitas con los Hyksos, ya que los Egipcios detestaban a los antiguos invasores y eliminaron todo recuerdo de ellos) y como rey en exilio y cuñado de Faraón organizó, al parecer, una reconquista, que entendemos no tuvo éxito, pues Edom seguía bajo el dominio de Judá en el reinado de Yehoshafat, como dice: No había entonces rey en Edom; presidente había en lugar de rey (1Reyes 22:47), hasta el reinado de Yehoram: En su tiempo se rebeló Edom de debajo de la mano de Judá, y pusieron rey sobre sí (2Reyes 8:20). Yehoram tentó en vano de restablecer su dominio sobre Edom (8:21-22). El siguiente conflicto está brevemente relatado como una victoria aplastante de Amatziah de Judá, que tomó la ciudad de Petra y la llamó Yoqte’el: El mató a diez mil de Edom en el valle de Sal y tomó a Sela en batalla, y la llamó Jocteel, hasta hoy (2Reyes 14:7). El último enfrentamiento registrado se refiere a una poco significativa incursión de Edom en tiempos de Ajaz:

2Crónicas 28:16 En aquel tiempo el rey Achâz envió a pedir ayuda a los reyes de Asiria. 17 Porque los Edomitas habían venido de nuevo y atacado a Judá y habían llevado cautivos. 20 Y vino contra él Tiglat-Pileser, rey de los Asirios, y lo afligió en vez de fortalecerlo.

Estas son todas las acciones bélicas entre Israel y Edom de las cuales tenemos constancia en las Escrituras. Muy pocas para tantos siglos de convivencia entre países vecinos. Hubo muchas más batallas de Israel contra los Filisteos, los Ammonitas, Moabitas y Amalecitas que contra Edom, y mucho más cruentas. Sin embargo, en los Profetas, Edom es representado como el gran rival ¿Por qué motivo?


Edom en las profecías (primera parte)

En la historia narrada en la Biblia, Israel estuvo bajo el dominio de los Arameos, de los Moabitas, de Yabin, de los Madianitas, de los Ammonitas y de los Filisteos durante el período de los Jueces, fue hostigado por varios enemigos mientras estaban los Reyes, y finalmente los Asirios y los Babilonios terminaron con la existencia política de Israel y de Judá respectivamente. Por otra parte, Israel jamás estuvo bajo el dominio de Edom, sino al contrario, más bien Edom estuvo durante más de un siglo y medio subyugado por Judá, entre los reinados de David y Yehoshafat. Sin embargo, hay más profecías referidas a Edom que a cualquier otro pueblo gentil, numéricamente hablando. En las profecías, Edom está entre las grandes naciones, como Asiria, Egipto o Babilonia, que fundaron imperios. ¿A qué se debe tanta exaltación de un pueblo que relativamente tuvo poco protagonismo?

En algunos pasajes se reclama a los Edomitas de haberse alegrado de la caída de Jerusalem, y de haber tomado despojos cuando fue destruida (Ezequiel 25:12; 35:15; Joel 3:19; Abdías 1:11-14; Salmos 137:7; Lamentaciones 4:21), en otros se profetiza cómo la tierra de Edom sería un desierto –y literalmente esto es evidente hasta hoy, que sólo queda aridez y desolación en la región de Seir y Petra– y en otras se anuncia su fin como nación, y desde el punto de vista de la historia, los Edomitas se extinguieron en un momento muy particular: el año de la destrucción de Jerusalem por los Romanos, 70 EC. Sin embargo, las profecías indican que el fin de Edom es todavía en el futuro. Por lo tanto, es necesario entenderlas en su cumplimiento a través del tiempo, y discernir cuando se refiere a la tierra histórica de Edom o al pueblo de Edom como contraparte del pueblo de Israel.

Consideremos entonces el momento crucial en el cual Edom pasa a ser importante para los Profetas e insignificante para la historia:

Jeremías 27:2 YHVH me ha dicho así: Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello; 3 Y los enviarás al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Ammón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los embajadores que vienen a Jerusalem a Sedechîas, rey de Judá. 4 Y les mandarás que digan a sus señores: Así ha dicho YHVH de los ejércitos, Elohim de Israel: Así habéis de decir a vuestros señores: 5 Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la haz de la tierra, con mi grande potencia y con mi brazo extendido, y díla a quien me plugo. 6 Y ahora yo he dado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan. 7 Y todas las gentes le servirán a él, y a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra; y le servirán muchas gentes y reyes grandes. 8 Y será, que la gente y el reino que no sirviere a Nabucodonosor rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del yugo del rey de Babilonia, con espada y con hambre y con pestilencia visitaré a la tal gente, dice YHVH, hasta que los acabe yo por su mano. 9 Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros sueños, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia. 10 Porque ellos os profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje y perezcáis. 11 Mas la gente que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia, y le sirviere, haréla dejar en su tierra, dice YHVH, y labrarála, y morará en ella.

El único que no escuchó esta profecía fue el pueblo de Judá, y de consecuencia sólo Judá fue llevada cautiva a Babilonia. Edom permaneció en su tierra, y fue súbdito de Nabucodonosor como los demás pueblos. Es interesante notar que Edom como entidad política independiente dejó de existir en este mismo momento histórico juntamente con Judá, pues se sometió al dominio de Babilonia y luego continuó siendo una dependencia de Persia y de los dominios sucesivos, y nunca más fue un reino, sino una entidad política con algunos períodos de efímera autonomía.

Los Profetas coinciden en que el pecado de Edom fue alegrarse del destino de Judá cuando fue arrasada por Babilonia y unirse a sus enemigos en el saqueo y destrucción de Jerusalem:

Ezequiel 25:12 Así ha dicho el Señor YHVH: Por lo que hizo Edom tomando venganza de la casa de Judá, pues delinquieron en extremo, y se vengaron de ellos.
35:15 Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fué asolada.

Joel 3:19 Edom será vuelto en asolado desierto, por la injuria hecha a los hijos de Judá: porque derramaron en su tierra la sangre inocente.

Abdías 1:11 El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalem, tú también eras como uno de ellos. 12 Pues no debiste tú estar mirando en el día de tu hermano, el día en que fué extrañado: no te habías de haber alegrado de los hijos de Judá en el día que se perdieron, ni habías de ensanchar tu boca en el día de la angustia: 13 No habías de haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no habías tú de haber mirado su mal el día de su quebranto, ni haber echado mano á sus bienes el día de su calamidad. 14 Tampoco habías de haberte parado en las encrucijadas, para matar los que de ellos escapasen; ni habías tú de haber entregado los que quedaban en el día de angustia.

Salmos 137:7 Acuérdate, oh YHVH, de los hijos de Edom en el día de Jerusalem; quienes decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos.

Y uno de los castigos anunciados fue la total destrucción y desolación del país de Edom, lo cual se ha cumplido literalmente:

Jeremías 49:13 Porque por mí he jurado, dice YHVH, que en asolamiento, en oprobio, en soledad, y en maldición, será Bosra; y todas su ciudades serán en asolamientos perpetuos. 17 Y será Edom en asolamiento: todo aquel que pasare por ella se espantará, y silbará sobre todas sus plagas. 18 Como el trastornamiento de Sodoma y de Gomorra, y de sus ciudades vecinas, dice YHVH, no morará allí nadie, ni la habitará hijo de hombre.

Ezequiel 35:3 Y dile: Así ha dicho el Señor YHVH: He aquí yo contra ti, oh monte de Seir, y extenderé mi mano contra ti, y te pondré en asolamiento y en soledad. 4 A tus ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy YHVH. 7 Y pondré al monte de Seir en asolamiento y en soledad, y cortaré de él pasante y volviente. 9 Yo te pondré en asolamientos perpetuos, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis que yo soy YHVH. 14 Así ha dicho el Señor YHVH: Alegrándose toda la tierra, yo te haré soledad. 15 Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fué asolada, así te haré a ti: asolado será el monte de Seir, y todo Edom, todo él; y sabrán que yo soy YHVH.

Joel 3:19 Edom será vuelto en asolado desierto.

Amós 1:12 Y meteré fuego en Temán, y consumirá los palacios de Bosra.

Malaquías 1:3 Y a Esaú aborrecí, y torné sus montes en asolamiento, y su posesión para los chacales del desierto.

Efectivamente, lo que un tiempo fue el poderoso reino de Edom, hoy es un desierto. Ninguna de sus ciudades existe hoy, sino sólo ruinas – algunas localidades actuales distan algunos kilómetros de las antiguas ciudades, pero nada queda de aquellas originales. La majestuosa Yoqte’el, hoy conocida como Petra, pasó a ser una ciudad de los Nabateos, como casi todo el territorio de Edom, que se desplazó hacia el Negev hasta Hevron y fue absorbido en el Reino Macabeo. En ese período muchos Edomitas se convirtieron al judaísmo, y así fue como la dinastía idumea de los Herodes llegó al gobierno de Judea, y obtuvo un acuerdo con el nuevo imperio mundial: Roma.
El gentilicio “Edomita” o “Idumeo” desaparece de la historia con la caída de Jerusalem en el año 70 EC.
Otras profecías indudablemente deben colocarse en un tiempo futuro:

Isaías 11:10 Acontecerá en aquel día que las naciones acudirán a la raíz de Isaí, que estará puesta como señal para los pueblos, y será gloriosa su morada. 11 Entonces acontecerá en aquel día que el Señor ha de recobrar de nuevo con su mano, por segunda vez, al remanente de su pueblo que haya quedado de Asiria, de Egipto, de Nubia, de Cus, de Elam, de Sinar, de Hamat y de las islas del mar. 12 Alzará un estandarte ante las naciones, reunirá a los desterrados de Israel, y juntará a los dispersos de Judá de los cuatro confines de la tierra. 13 Entonces se disipará la envidia de Efraim, y los que hostigan a Judá serán exterminados; Efraim no envidiará a Judá, y Judá no hostigará a Efraim. 14 Y ellos se lanzarán sobre el costado de los filisteos al occidente, juntos despojarán a los hijos del oriente; Edom y Moab estarán bajo su dominio, y los hijos de Amón les estarán sujetos. 16 Y habrá una calzada desde Asiria para el remanente que quede de su pueblo, así como la hubo para Israel el día que subieron de la tierra de Egipto.

En esta profecía habla de Edom diciendo que estará bajo el dominio de Israel. Esto no puede referirse al periodo de los Macabeos, porque el contexto es muy claro: será cuando “las naciones acudirán a la raíz de Yishai y será gloriosa su morada”, cuando por segunda vez hayan regresado todo Israel y Judá (notar que diferencia claramente ambas Casas), cuando Judá y Efraim se reconocerán y se reunirán, y los que fueron dispersados por Asiria retornarán, o sea, las Tribus Perdidas de Israel – esta es una clara referencia a la Era Mesiánica, y Edom está presente, por lo tanto no se ha extinguido como pueblo aunque la historia ya no lo identifique.
La siguiente profecía también nos dá indicios sobre quién es Edom:

Ezequiel 35:5 Por cuanto tuviste enemistades perpetuas, y esparciste los hijos de Israel a poder de espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo extremadamente malo; 10 Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y las poseeremos, estando allí YHVH. 12 Y sabrás que yo YHVH he oído todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: Destruídos son, nos son dados a devorar. 13 Y os engrandecisteis contra mí con vuestra boca, y multiplicasteis contra mí vuestras palabras. Yo lo oí.

En realidad el Edom histórico nunca se apoderó de la tierra de Israel, ni esparció a los Israelitas por la espada. El Profeta habla de “dos naciones” y “dos tierras”, en referencia a Israel y Judá. Asiria y Babilonia lo hicieron sólo parcialmente, pero hubo un imperio en particular que llevó a cabo la persecución más cruenta contra todos los hijos de Israel, los que lo son según la herencia física y los que lo son por heredad espiritual. Ese es Edom, ya veremos por qué.

Uno de los Profetas dedica su escrito completamente a Edom: el Profeta Abdías. Es el libro más corto del TaNaJ, y aunque ya lo hemos citado en parte, lo proponemos en su totalidad a continuación – alternando con pasajes de Jeremías que describen las mismas escenas:

Abdías 1:1 Visión de Abdías. El Señor YHVH ha dicho así cuanto a Edom: Oído hemos el pregón de YHVH, y mensajero es enviado a las gentes. Levantaos, y levantémonos contra ella en batalla. 2 He aquí, pequeño te he hecho entre las gentes; abatido eres tú en gran manera. 3 La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra? 4 Si te encaramares como águila, y si entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dice YHVH.

Jeremías 49:14 La fama oí, que de YHVH había sido enviado mensajero a las gentes, diciendo: Juntaos, y venid contra ella, y levantaos a la batalla. 15 Porque he aquí que pequeño te he puesto entre las gentes, menospreciado entre los hombres. 16 Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón, tú que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura del monte: aunque alces como águila tu nido, de allí te haré descender, dice YHVH.

Abdías 1:5 Si vinieran a ti ladrones o salteadores de noche (¡cómo quedarías arruinado!), ¿no robarían hasta que les bastara? Si vinieran a ti vendimiadores, ¿no dejarían rebuscos? 6 Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú! sus cosas escondidas fueron buscadas. 7 Hasta el término te hicieron llegar todos tus aliados; te han engañado tus pacíficos, prevalecieron contra ti; los que comían tu pan, pusieron el lazo debajo de ti: no hay en él entendimiento. 8 ¿No haré que perezcan en aquel día, dice YHVH, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú?

Jeremías 49:7 De Edom. Así ha dicho YHVH de los ejércitos: ¿No hay más sabiduría en Temán? ¿ha perecido el consejo en los sabios? ¿corrompióse su sabiduría? 8 Huid, volveos, escondeos en simas para estar, oh moradores de Dedán; porque el quebrantamiento de Esaú traeré sobre él, al tiempo que lo tengo de visitar. 9 Si vendimiadores vinieran contra ti, ¿no dejarán rebuscos? Si ladrones de noche, tomarán lo que hubieren menester. 10 Mas yo desnudaré a Esaú, descubriré sus escondrijos, y no podrá esconderse: será destruída su simiente, y sus hermanos, y sus vecinos; y no será.

En esta primera parte de la Profecía de Abdías encontramos un paralelismo con la de Jeremías, pero siendo Abdías probablemente posterior al exilio, entendemos que se inspiró en su predecesor para dar una introducción a su mensaje, que a partir de este punto adquiere un carácter distinto.

Abdías 1:9 Y tus valientes, oh Temán, serán quebrantados; porque todo hombre será talado del monte de Esaú por el estrago. 10 Por la injuria de tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás talado para siempre. 11 El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalem, tú también eras como uno de ellos. 12 Pues no debiste tú estar mirando en el día de tu hermano, el día en que fué extrañado: no te habías de haber alegrado de los hijos de Judá en el día que se perdieron, ni habías de ensanchar tu boca en el día de la angustia: 13 No habías de haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no habías tú de haber mirado su mal el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes el día de su calamidad. 14 Tampoco habías de haberte parado en las encrucijadas, para matar los que de ellos escapasen; ni habías tú de haber entregado los que quedaban en el día de angustia.

En esta segunda sección, que ya hemos citado, explica el motivo por el cual el Señor hará su juicio sobre Edom, aunque en parte puede referirse a dos hechos similares en su carácter –usando el pasado profético, que se refiere en realidad a eventos futuros en el momento del anuncio–, porque en efecto, nos introduce en la tercera parte del mensaje:

Abdías 1:15 Porque cercano está el día de YHVH sobre todas las gentes: como tú hiciste se hará contigo: tu galardón volverá sobre tu cabeza. 16 De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán, todas las gentes de continuo: beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido. 17 Mas en el monte de Sión habrá salvamento, y será santidad, y la casa de Jacob, poseerá sus posesiones. 18 Y la casa de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los quemarán, y los consumirán; ni aun reliquia quedará en la casa de Esaú, porque YHVH lo habló. 19 Y los del mediodía poseerán el monte de Esaú, y los llanos de los Filisteos; poseerán también los campos de Ephraim, y los campos de Samaria; y Benjamín a Galaad. 20 Y los cautivos de aqueste ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los Cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalem, que están en Sepharad, poseerán las ciudades del mediodía. 21 Y vendrán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de YHVH.

Evidentemente, el lenguaje de esta última sección pertenece a la Era Mesiánica: “el día del Eterno”, cuando el Monte Tzion será santo, y la Casa de Israel volverá a poseer su tierra –notar que la Casa de Yosef es la que todavía está en exilio–, junto a los cautivos de Jerusalem que retornarán de la Diáspora –hecho que se ha verificado sólo en parte–, entonces se completará el juicio sobre Edom… Esto significa que Edom existe, y tiene una identidad en el presente.


¿Quién es Edom?

En la tradición rabínica Edom es identificado con Roma. Más allá de las particulares interpretaciones de los tannaim y amoraim, que históricamente son de poquísima credibilidad, la hipótesis de que la simiente de Edom se haya perpetuado en los Romanos es factible. ¿Podemos probarlo con certeza? En base a los documentos que hasta ahora disponemos, no – pero tampoco se puede demostrar lo contrario. De hecho, nadie ha podido determinar el origen de los antiguos Romanos. Entonces, es necesario considerar todas las fuentes, que en la mayor parte son sólo literarias, y encontrar el contexto histórico de las mismas para poder elaborar una trayectoria plausible.

Para esta parte del estudio tendremos en cuenta las tradiciones judaicas y romanas, y las probabilidades históricas.
En principio, consideremos nuevamente la bendición de Yitzhak dada a Esaú – traducida literalmente desde el hebreo:

Génesis 27:39 He aquí será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; 40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás: Y sucederá cuando seas errante [hayas deambulado lejos], que descargarás su yugo de tu cerviz.

Hemos visto que en todo el relato bíblico no sólo no se verificó la segunda parte de esta bendición, librarse del yugo de su hermano, sino que la tierra de Edom quedó desolada, perdiendo así también la primera parte de la misma. Será que cuando Edom haya viajado sin rumbo, entonces logrará romper el dominio de su hermano sobre sí y vivirá por la espada, y podrá seguir beneficiándose de las grosuras de la tierra que le corresponden por bendición – porque ésta no puede ser anulada.

Hay dos hechos interesantes que ya hemos indicado, en los cuales los destinos de Judá y de Edom están ligados, y son las dos destrucciones de Jerusalem: en la primera, Edom dejó definitivamente de ser una nación como entidad política, en la segunda, desapareció de la historia como pueblo identificable. Parece más que una coincidencia.
En ambos casos los Edomitas tuvieron participación, aunque en forma diferente: en la primera destrucción estuvieron de la parte de los Babilonios –aunque de nada les sirvió, porque Nabucodonosor sometió Edom a tributo igual que a todos los pueblos conquistados–, mientras en la segunda combatieron junto a los Zelotes para defender Jerusalem – pero debemos tener en cuenta que esos Edomitas eran la minoría que aún quedaba en el país, y eran convertidos al judaísmo. Así lo atesta Josefo en “La Guerra de los Judíos”. En ese período su ciudad principal era Hevron. Es quizás por este motivo que Edom no aparece identificado con Roma en la literatura del Segundo Templo, aunque en el libro de Ben Sirā, de Jubileos, y otros apócrifos sí es considerado el principal enemigo de Israel y también se lo asocia con el jabalí, que era un emblema romano. Pero es a finales del período tannaíta, y durante el amoraíta, que la identificación de Edom con Roma se difunde en el seno del judaísmo.
Sin embargo, debía existir ya en el primer siglo de la era común el conocimiento del origen de los Romanos, como lo declara Saulo en su epístola:

Romanos 4:1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

Saulo en su carta define a Avraham como “nuestro padre según la carne”. Este pronombre “nuestro”, en base al criterio de interpretación que se pueda dar, puede ser un plural exclusivo –que se refiere sólo al pueblo del escritor– o bien inclusivo –que comprende a los destinatarios–. El concepto que expresa el apóstol parece referirse a esta última acepción, de pronombre inclusivo, considerando que sus interlocutores tenían conocimiento de sus orígenes, y por eso les advierte:

Romanos 9:7 Ni por ser simiente de Abraham, son todos hijos; mas: En Isaac te será llamada simiente. 8 Quiere decir: No los que son hijos de la carne, éstos son los hijos de Elohim; mas los que son hijos de la promesa, son contados en la generación. 9 Porque la palabra de la promesa es esta: Como en este tiempo vendré, y tendrá Sara un hijo. 10 Y no sólo esto; mas también Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre, 11 (Porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Elohim conforme a la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese); 12 Le fué dicho que el mayor serviría al menor. 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. 14 ¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia en Elohim? En ninguna manera.

Saulo les dice a los Romanos que ellos, aún siendo descendientes de Avraham según la carne, no tienen asegurada la promesa espiritual porque esa fue dada a Jacob. ¿Por qué Saulo les habla de este tema solamente a los Romanos? Estas palabras dirigidas precisamente a ellos no son casuales, teniendo en cuenta que es la epístola donde él más habla de la simiente carnal de Avraham y enfatiza la importancia de seguir la fé del Patriarca más allá de la pertenencia física a Israel, reiterando que Avraham es el “padre de todos nosotros”, ésta vez en manera inequívoca incluyendo a los destinatarios: “para que la promesa sea firme a toda simiente, no solamente al que es de la Ley, mas también al que es de la fé de Abraham, el cual es padre de todos nosotros” (Romanos 4:16). Notemos que asimismo se refiere a Isaac como “nuestro padre” (9:10).
Esaú no es mencionado en ninguna otra de sus epístolas, y en todo el Nuevo Testamento sólo se lo nombra brevemente en Hebreos, donde el autor reafirma que Esaú también fue bendecido: “Por fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas que habían de ser” (Hebreos 11:20) aunque posteriormente lo llama “profano”, “marginal” (Hebreos 12:16). Asimismo, el país de Edom tampoco es citado sino sólo una vez en el Evangelio de Marcos 3:8, como uno de los lugares desde donde venían a ver y escuchar a Yeshua.

Veamos ahora los orígenes de Roma según la tradición romana.

No existe ningún documento fidedigno sobre el origen de Roma, sino sólo elaboraciones tardías de mitos y leyendas que de alguna manera pretenden dar un trasfondo histórico a las mismas, entre ellas las obras de Tito Livio, Plutarco, Dionisio de Halicarnaso, así como la literatura poética de Virgilio y Ovidio – todos ellos escritores del período imperial, por lo tanto, se refieren a supuestos hechos ocurridos siete siglos o más antes de su propia época. Obviamente, no hay un relato unificado y definido, sino que las versiones difieren notablemente entre sí. No obstante, los símbolos transmitidos en estos mitos pueden dar indicios acerca de la proveniencia de los mismos.
Uno de los datos interesantes es que mientras la mayoría de los pueblos tratan de reivindicar la tierra donde viven aduciendo ser autóctonos o los primeros habitantes de la misma –mucho revisionismo histórico se ha elaborado precisamente con este objetivo–, los Romanos desde un principio se reconocen como descendientes de navegantes que vinieron de Oriente, más precisamente, de Troya. Por otra parte, no son los únicos que pretenden ser de origen troyano, sino muchos otros han tratado de demostrar con las teorías más descabelladas, que su nación o etnia proviene de la mítica Troya (y más delirante aún, la teoría de que los Troyanos hayan sido Hebreos). No es objetivo de este estudio exponer la historicidad de Troya, ciudad que sólo podemos afirmar que existió, y corresponde a la Wilusa o Truwisa de los Hititas y la Ilión o Troia de los Griegos. Menos certeza hay sobre la veracidad de la famosa Guerra de Troya, y también en este caso podemos decir que seguramente alguna guerra sobre esa ciudad hubo, como lo demuestran las ruinas de la misma y como es natural que haya ocurrido con todas o casi todas las ciudades de la Antigüedad, pero no se puede afirmar que haya sido de la magnitud que se le atribuye, ni si fue una o más guerras en distintas épocas. Ni siquiera se puede definir qué etnia la habitaba, ni el idioma que se hablaba, sino sólo se pueden hacer conjeturas en base a la evidencia arqueológica existente hasta el momento. Ciertamente eran gente de los pueblos Egeos y no Semitas.
El supuesto origen troyano de Roma proviene de la leyenda de Eneas, héroe fugitivo de la ciudad –después de la caída de Troya en poder de los Aqueos– que navega hasta las costas del Lazio y allí funda una nueva estirpe. Al margen de los romances e intrigas que dan colorido a su historia, emerge un particular de mayor relevancia histórica, y es que Eneas, o como sea que se haya llamado este navegante que por cierto no llegó solo sino con algún pequeño ejército, logró unificar su pueblo con los habitantes del lugar y establecer una identidad nacional, la de los Latinos (Tito Livio, Ab Urbe Condita Libri, I.2). Y en esto ya encontramos una característica en común con Edom: agrupó bajo su nombre a otros pueblos, principalmente a los Hurritas que habitaban el país que él ocupó.
El hijo de Eneas funda Alba Longa, sobre la cual su linaje reina por varias generaciones (estamos refiriéndonos siempre al mito, no a evidencia documental), y eliminando todos los pormenores del relato, llegamos a otra protagonista importante, una descendiente directa de Eneas que es obligada a consagrarse como virgen vestal para impedir que algún hijo suyo tenga derecho al trono, usurpado por su tío. Su nombre es Rhea Silvia, que rompe su voto y tiene dos hijos gemelos. El rey viene a saber del nacimiento de estos mellizos y ordena que se los ahogue en el Tíber, pero ella los coloca en una cesta a la orilla del río, y sobreviven, amamantados por una “loba” –eufemismo que significa en realidad ramera, del cual deriva el término “lupanar”–. Los hermanos, cuyos nombres legendarios son Rómulo y Remo, después de haber restaurado al legítimo rey en el trono de Alba Longa deciden apartarse a otro lugar porque tenían mucha gente y no había espacio suficiente para todos, y se proponen fundar una ciudad (Plutarco, Vidas Paralelas, Vida de Rómulo, 9.1-2). Allí sucede un desencuentro en cuanto a sobre qué monte erigirla y qué nombre darle, y anulando el derecho de primogenitura, los oráculos favorecen a Remo (según Tito Livio) pero en base a un engaño quien obtiene el derecho es Rómulo (según Plutarco), y la disputa se concluye cuando éste mata a su hermano.

Esta es en manera muy resumida y sólo destacando los pasajes relevantes, el mito de la fundación de Roma. Hay paralelismos interesantes con la historia de Esaú y Jacob y otros relatos bíblicos:
· en primer lugar, dos hermanos gemelos nacen de una mujer que había sido consagrada como virgen vestal, de la misma manera que Esaú y Jacob nacen de Rivkah, que en la tradición judaica es considerada virgen perpetua –como estado espiritual, no relacionado con la realidad física–;
· el rey ordena echarlos al río y su madre los coloca en una cesta a la orilla del mismo (cf. Éxodo 1:22; 2:3), un relato que se parece más a la historia de Moisés, de la cual los Edomitas tenían conocimiento;
· los hermanos disputan sus derechos y la primogenitura es anulada por medio de un oráculo, hay un engaño, y al final uno de los gemelos mata al otro, lo que refleja en manera bastante notable la historia de la bendición de Jacob y Esaú, con la diferencia que en el mito romano las intenciones de Esaú se concretan (Génesis 27:41).

Seguidamente, en la historia de Roma –ya menos mitológica aunque no verificada, habiendo sido redactada mucho tiempo después y manteniendo el carácter novelesco de los escritores de la época–, se suceden siete reyes, los cuales son elegidos por jefes representantes de los distintos pueblos del Lazio –excepto el primero que fue el fundador de la ciudad–, y ningún rey fue sucedido por su hijo. Este consejo de jefes tribales que elegía al rey se constituyó en lo que se conoce como el Senado. Esta también es una característica sorprendentemente similar a la formación de Edom, cuyos reyes no eran hereditarios sino designados por los jefes, quienes representaban a los distintos pueblos que habitaban el país. Incluso el número de reyes, siete de Roma y ocho de Edom, ilustran un período monárquico poco extenso. También los reyes de Roma provenían de distintas etnias: Latinos, Sabinos y Etruscos. El color de la toga de los reyes de Roma era el rojo, el color de Esaú.
¿Podría ser la tradición romana un relato alterado de los orígenes de Edom? La posibilidad existe.

A estos hechos hay que agregar el nombre mismo de Roma: no se ha encontrado una etimología en ninguna lengua indoeuropea. Plutarco –que era griego y no romano– inventa varias versiones, la mayoría en base a una cierta Rhome, que puede haber sido hija de diversos personajes mitológicos y que él, como buen griego, trata de revestirla de historicidad, pero lingüísticamente no tienen significado.
Sin embargo, hay una etimología que es más que plausible, y tiene fundamento profético:

Abdías 1:3 La soberbia [zadon] de tu corazón te ha engañado, tú que … en tu altísima [marom] morada, dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra? 4 Si te remontes [gabah] como águila, y si entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dice YHVH.
Jeremías 49:16 Tu arrogancia te engañó, y la soberbia [zadon] de tu corazón, … tú que tienes la altura [marom] del monte: aunque alces [gabah] como águila tu nido, de allí te haré descender, dice YHVH.

El nombre “Roma”, en lengua hebrea significa “exaltada”, “enaltecida”, “elevada”, “altiva”, “soberbia”, “arrogante”, “presuntuosa” y también “altura”… y su símbolo principal, el águila. ¿Coincidencia?
Este término hebreo -“rum”/”romah”- se encuentra en varios pasajes bíblicos, los cuales citamos como están traducidos en RV y LBLA (verbos en infinitivo):

Deuteronomio 17:20 – “elevarse”
Proverbios 21:4; Isaías 2:12; 10:12 – “altivez”, “altivo”
Isaías 2:11,17 – “soberbia” – en este pasaje, el término traducido como “altivez” o “altiva” (gabhut) coincide con “remontarse” (Abdías 1:4) o “alzarse” (Jeremías 49:16), es decir, “elevarse”
Habacuc 3:10 – “alzarse”, “levantarse”
Esdras 6:3; Daniel 3:1 – “altura”
Salmos 21:13; 57:5; 57:11; 108:5 – “exaltado”, “ensalzado”
Miqueas 2:3 – “erguido”
También en plural, romim:
Deuteronomio 12:2; Isaías 2:13,14 – “altos”
2Samuel 22:28 – “altivos”
Job 21:22 – “elevados”, “encumbrados”
Salmos 78:69 – “eminencia”, “alturas”


Edom en las profecías (segunda parte)

Citemos nuevamente la bendición dada por Yitzhak a Esaú, traducida literalmente:

Génesis 27:39 He aquí será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; 40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás: Y sucederá cuando seas errante [hayas deambulado lejos], que descargarás su yugo de tu cerviz.

Esta bendición consta de dos partes: una permanente y otra condicional. La bendición permanente es que habitará en tierras fértiles y fructíferas, la condicional es que por un tiempo servirá a su hermano, pero logrará liberarse cuando, después de ser errante, se haya ido lejos.
En la historia que conocemos de la que un tiempo fue la floreciente y próspera tierra de Edom, que se extendía desde el Sinaí hasta la margen derecha (sudoccidental) del Éufrates, con sus personajes notables por su sabiduría, había quedado desolada y ocupada por los Nabateos, y los Edomitas habían sido desplazados hacia el desierto del Negev, al territorio que había pertenecido a la Tribu de Simeón. Edom fue subyugada por David y estuvo bajo la hegemonía de Judá por mucho tiempo, luego fue también despojada por Amatziah, y por último, en el período de los Hasmoneos, los pocos Edomitas que quedaban fueron convertidos al judaísmo. Aparentemente, la segunda parte de la bendición nunca se cumplió, y hasta la primera dejó de ser.
Sin embargo, los Profetas hablan de crímenes que el Edom histórico nunca cometió, o por lo menos, no han sido registrados en las Escrituras, y de una rivalidad perpetua, lo que implica la continuidad de Edom y no su extinción. Por ejemplo:

Ezequiel 35:5 Por cuanto tuviste enemistades perpetuas, y esparciste los hijos de Israel a poder de espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo extremadamente malo; 10 Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y las poseeremos, estando allí YHVH.
Abdías 1:11 El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalem, tú también eras como uno de ellos. 13 No habías de haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no habías tú de haber mirado su mal el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes el día de su calamidad.

¿Cuándo sucedió que “Edom” haya esparcido a Israel? ¿Cuándo fue que se apoderó de toda la tierra de Israel? ¿Cuándo fue que obtuvo ventaja en alguna repartición de Jerusalem? ¿Cuándo se apoderó de todas las riquezas de Jerusalem, saqueando la ciudad? Hay un solo imperio que hizo estas cosas (y que todavía lo que queda de él, a través de la sucesión de sus pontífices máximos, pretende establecerse en Jerusalem). Es la única entidad que tiene una enemistad perpetua hacia Israel desde la destrucción de Jerusalem. Otras naciones se agregaron después a lo largo de la historia, pero sólo Roma lo es desde hace veinte siglos.

Entonces, comenzamos a entender que la segunda parte de la bendición de Yitzhak se verificó cuando una porción de la descendencia de Esaú emigró lejos de su tierra (luego veremos cuándo puede haber ocurrido este movimiento) y de esta manera también se restaura la primera parte, que es permanente, la promesa de la grosura y la abundancia: si existe una tierra donde el clima es óptimo y el suelo produce todo tipo de plantas, y es fértil como muy pocas en el planeta, esa tierra es Italia.
La grosura de la tierra es una bendición irrevocable, y no está forzosamente ligada a un territorio específico (como lo está Israel), por lo cual es totalmente admisible que la misma pueda continuar en Italia, porque Edom fue desolada. Y los indicios proféticos, además de otros elementos, nos señalan que el origen desconocido de los Romanos está en la descendencia de Edom.

Abdías 1:15 Porque cercano está el día de YHVH sobre todas las gentes: como tú hiciste se hará contigo: tu galardón volverá sobre tu cabeza. 16 De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán, todas las gentes de continuo: beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido. 17 Mas en el monte de Sión habrá salvamento, y será santidad, y la casa de Jacob, poseerá sus posesiones… 21 Y vendrán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de YHVH.

cf.
Isaías 2:11 La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia [rum] de los hombres será humillada; y YHVH solo será ensalzado en aquel día. 12 Porque día de YHVH de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo [rum], y sobre todo ensalzado; y será abatido: 13 Y sobre todos los cedros del Líbano altos [romim] y sublimes, y sobre todos los alcornoques de Basán; 14 Y sobre todos los montes altos [romim], y sobre todos los collados levantados; 15 Y sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte; 16 Y sobre todas las naves de Tarsis, y sobre toda obra de arte preciada. 17 Y la altivez del hombre será abatida, y la soberbia [rum] de los hombres será humillada; y solo YHVH será ensalzado en aquel día.

La profecía de Abdías declara que Edom estará entre las naciones que serán juzgadas en “el día del Señor”, es decir, en el final de los tiempos. Esa nación, que vivió siempre por la espada, que estableció su morada en una tierra de abundancia, que saqueó Jerusalem y dispersó a los que quedaban de los hijos Israel, esa nación es Roma. Es notable que Isaías, refiriéndose al mismo evento, enfatice la humillación de todo lo que es altivo y soberbio, y particularmente llamativa es la sentencia “sobre toda obra de arte preciada”, objetos que particularmente abundan en Roma.


Conclusión: algunos datos históricos

Hemos reconocido algunas semejanzas entre Edom y Roma, que podemos reepilogar brevemente en algunos puntos esenciales:
Ambos fundadores tenían un hermano gemelo. Ambas naciones eran pluriétnicas, compuestas por el pueblo que habitaba previamente en el país, amalgamado con el de los fundadores y otros pueblos asociados. Ambas tenían reyes que eran elegidos por los jefes que representaban las distintas comunidades del reino y la monarquía no era hereditaria. Ambos tenían el rojo como color nacional.
Todos los historiadores y estudiosos serios admiten que no se conoce el origen cierto de los Romanos, pero coinciden en que al menos en parte provienen de un grupo de gente que llegó a las costas del Lazio navegando desde el Mediterráneo Oriental. El tiempo en que esto sucedió no se puede determinar, pero seguramente fue antes del siglo VIII AEC. Tampoco se conoce ninguna etimología del nombre de Roma en lenguas indoeuropeas.
En base a estos elementos, pocos quizás, y a los argumentos desarrollados en este estudio, podemos formular una hipótesis –lo cual significa que no estamos afirmando sino proponiendo una posibilidad históricamente factible– sobre los hechos que llevaron a la emigración de una parte de los Edomitas, no todos, hacia un destino que los condujo a refundar su nación en otra tierra. Se tratará de dar un mínimo de credibilidad también al mito, en cuanto por lo general éste surge de la transmisión oral de hechos que sucedieron, aunque en la realidad se dieron en manera diferente al relato legendario. Por este motivo, estimando como aproximadamente verosímil que Roma haya sido fundada antes del 700 AEC, podríamos atribuír al mítico Eneas la identidad de algún jefe edomita que huyó de su país en tiempos de David, durante la masacre llevada a cabo por Yoav, de la que también escapó Hadad a Egipto (1Reyes 11:16-17). Ese hecho marcó el principio del fin para el Edom del Medio Oriente, pero puede haber dado inicio a su condición de errante, hasta que se consolidara en otro lugar, bajo otra identidad, y desde allí perseguir a Jacob cuando haya llegado la oportunidad. El momento de la fundación de Roma puede coincidir con otro desastre nacional para Edom, cuando Amatziah lo despojó de su ciudad fortificada, Petra (2Reyes 14:7), y desde entonces Edom pasó a ser insignificante.
¿Por qué estos fugitivos Edomitas navegarían hasta Italia? En parte porque toda otra tierra más cercana estaba ya ocupada por pueblos hostiles, o porque eran tierras que no ofrecían la abundancia necesaria para establecerse con cierta comodidad. Además, no fueron ellos los primeros en llegar desde Canaán a Italia; ya había allí colonias de Fenicios y de otras gentes con las cuales los Edomitas habían tenido contacto anteriormente. Particularmente algunos de los Pueblos Itálicos, como los Sículos y los Sardos, son identificables con los llamados “Pueblos del Mar” que se encontraban en Canaán y en toda la costa del Levante en tiempos de los Jueces, entre los cuales estaban los Filisteos. La Tribu de Simeón, confinante con el territorio de Edom, también tuvo su participación.

Sin embargo, donde llegó la simiente de Esaú también llegó la de su hermano. Investigadores como el profesor Tenney Frank, George La Piana, Arnold Mackay Duff, estudiaron minuciosamente los documentos epigráficos y arqueológicos de la Roma imperial del primer siglo EC, hallando evidencias concluyentes acerca de la composición étnica de Italia en aquella época, las cuales dan mayor sentido a la declaración de Saulo diciendo a los Romanos: “Abraham, nuestro padre según la carne” (conste que el mismo Saulo, siendo judío, era ciudadano romano). Es muy extensa la exposición de todo este argumento, por lo cual mencionaremos sólo algunos de los puntos que llevaron a dichos investigadores a la conclusión de que la Italia de aquél tiempo era una nación étnicamente semita.
Cuando mencionamos un imperio histórico, generalmente lo designamos con el nombre de la nación o naciones que lo fundaron, por ejemplo: Imperio Asirio, Imperio Medo-Persa, Imperio Británico, Imperio Austro-Húngaro, Imperio Ruso, etc. o bien por la dinastía reinante, como Imperio Aqueménide, Sasánida, Abasida, Otomano, etc. Sólo dos imperios son llamados por el nombre de una ciudad: el Imperio Babilonio y el Imperio Romano. No es “Imperio Itálico” o “Italiano”, como correspondería, porque en realidad, todo ese inmenso dominio gravitaba entorno a una ciudad: Roma. Todos los caminos conducían a Roma, no es sólo un proverbio, sino una realidad. ¿Es posible que una sola ciudad, por mucha población que pudiera tener, lograra conquistar y controlar todo el Mediterráneo? Obviamente, no. Se necesitaba mucha gente en aquellos tiempos para poder lograrlo. La gran mayoría de los Romanos no lo eran por linaje, sino por méritos militares, o por alguna otra razón se les había concedido la ciudadanía. El mismo procurador de Judea de triste fama, Poncio Pilato, era de origen céltico, así como Herodes era de los Edomitas convertidos al judaísmo.
Si los Romanos originales eran una minoría en la misma Roma, donde muchos de los habitantes eran Etruscos, Sabinos o Itálicos, las circunstancias proveyeron a que la simiente de Edom siguiera multiplicándose en Roma de alguna manera, y también la de Israel. La necesidad de mano de obra –esclavos– en Roma y toda Italia produjo la afluencia de población proveniente del Levante, y así lo testifica el historiador Tácito, afirmando que en los días de Nerón la mayoría de los senadores eran descendientes de siervos extranjeros y sólo permanecía una minoría reducida de la estirpe patricia. Igualmente Juvenal, escritor satírico –que no es de menospreciar, en cuanto esta clase de escritores son quienes dicen la verdad políticamente incorrecta que los medios oficiales, aún en nuestros días, no dicen– expresó: “las aguas del Orontes fluyen en el Tiber”, queriendo significar que la población de Roma en su mayoría estaba compuesta por inmigrantes Semitas. Otras razones contribuyeron a esta rápida mutación étnica de toda Italia (y no es un caso insólito que en pocos años la composición genética de un pueblo pueda cambiar, en cuanto el autor de este breve estudio es testigo ocular de una tal transformación de un país entero que no ha sido conquistado ni invadido por potencia extranjera, y que en menos de dos décadas los sectores más desfavorecidos de la sociedad y los nuevos inmigrantes han pasado a ser la mayoría). Así, mientras los Romanos, siendo sujetos al servicio militar eran destinados a mantener el orden y la ley del imperio en otras tierras, los esclavos que no tenían tal obligación se multiplicaban libremente en Roma, y beneficiados por la legislación obtenían la categoría de libertos, es decir, ciudadanos libres, con la ventaja de que eran ellos los doctores, maestros, arquitectos, agricultores y profesionales de todo tipo de oficios, por lo que lograron rápidamente construir una sociedad en la cual prosperaron, en cambio el romano autóctono se dedicaba a la diversión mientras pudiera, puesto que en algún momento sería enviado a engrosar las filas del ejército.
“Es incuestionable que los esclavos de las provincias orientales eran numéricamente preponderantes en Roma, y -lo que es más significativo- desempeñaron la parte más importante de la vida romana... la gran población de esclavos produjo una numerosa clase de origen extranjero, los libertos” (George La Piana, Foreign Groups in Rome).
“Una de las cosas que debe haber causado estupor a la aristocracia fue el enorme número de orientales, especialmente libertos, que fueron puestos en los más altos cargos del imperio” (Cambridge Ancient History, vol. X, p.727).
También muchos libertos judíos pasaron a ser ciudadanos romanos.
La simiente de Esaú se mezcló con la de Jacob, y hay otra característica que acomuna a ambos: los Romanos dieron a toda la civilización occidental el derecho, la ley, así como Israel es el depositario de la Ley de Elohim para todas las naciones. Desde el punto de vista genético, los italianos centro-meridionales son los europeos más cercanos a los judíos – según pruebas de ADN ampliamente confirmadas. En el aspecto histórico-social, los italianos son el único pueblo europeo cuya diáspora es más numerosa que la población residente en el propio país, y dondequiera que se encuentren, mantienen rasgos de su cultura pero a su vez se adaptan a la sociedad en que habitan, de la misma manera que los judíos. Ambos son generalmente discriminados, o sujetos al prejuicio cultural. En muchos aspectos, la cultura del italiano meridional no-aristocrático es más semítica que europea, en conformidad con su origen étnico más antiguo.
En todo lo considerado, somos libres de pensar que se trata sólo de coincidencias, o de conjeturas. No obstante, la historia nos da suficientes indicios que avalan lo enunciado en las profecías: Edom sigue existiendo, está representado por alguna realidad socio-política y también religiosa en la actualidad. Roma todavía, oficialmente, desconoce su propio origen y lo funda sobre un mito. Su enemistad hacia Israel es palpable a lo largo de la historia. Pero a su vez, son las mismas Escrituras que pertenecen a Israel las que considera sagradas. Más allá de toda hipótesis, existe una verdad anunciada desde la Antigüedad que se ha manifestado a lo largo de la historia.


 

 

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