Las Setenta Semanas
Daniel 9:24-27

 

Esta es quizás la profecía bíblica más incomprendida y peor interpretada por la mayoría de los teólogos cristianos, sobre todo por los dispensacionalistas, quienes elaboran una exégesis totalmente fantasiosa, ficticia y absurda.
Citamos primero el texto como viene [mal] traducido en las versiones corrientes de la Biblia, y luego lo reescribiremos en manera correcta, según el texto original hebreo:

Versión de Reina-Valera:

Daniel 9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
9:25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos.
9:27 Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el pueblo asolado.

Versión de la Biblia de las Américas:

Daniel 9:24 Setenta semanas han sido decretadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a la transgresión, para terminar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para ungir el lugar santísimo.
9:25 Has de saber y entender que desde la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; volverá a ser edificada, con plaza y foso, pero en tiempos de angustia.
9:26 Después de las sesenta y dos semanas el Mesías será muerto y no tendrá nada, y el pueblo del príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Su fin vendrá con inundación; aun hasta el fin habrá guerra; las desolaciones están determinadas.
9:27 Y él hará un pacto firme con muchos por una semana, pero a la mitad de la semana pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal. Sobre el ala de abominaciones vendrá el desolador, hasta que una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador.

Si tomamos en cuenta estas dos versiones, ambas incorrectas, a su vez no coinciden entre sí y expresan conceptos diversos, incluso contradictorios. Veamos:

En 9:24, RV dice: “ungir al Santo de los santos”, mientras LBLA dice: “ungir el lugar santísimo”. En este caso, RV hace una traducción literal del hebreo קדשׁ קדשׁים (Kadosh Kadoshim), sin embargo, aquellos que no están familiarizados con el significado de esta palabra podrían pensar que se trata de una persona, cuando en realidad es el nombre que se da en todas las Escrituras al lugar más sagrado del Templo, por lo cual la versión de LBLA es correcta en cuanto al concepto.

En 9:25, RV dice: “desde la salida de la palabra”, mientras LBLA dice: “desde la salida de la orden”. En este caso, la RV es correcta, mientras LBLA es completamente errónea. El término hebreo aquí es דבר (davar), que significa “palabra” y no “orden”. Implica “palabra profética”. Ya volveremos sobre esto más adelante, cuando tratemos el inicio del periodo de 70 semanas.
En el mismo versículo luego ambas versiones traducen “Mesías Príncipe”, una traducción que si bien no es incorrecta, es arbitraria, puesto que el mismo término משׁיח (mashiaj) en todo el resto de las Escrituras siempre es traducido como “ungido”, que es su significado, y se aplica a muchos personajes – ya veremos esto también. Un poco mejor en este caso es la traducción de la “Biblia de Jerusalén”, que dice: “un Príncipe Mesías”, anteponiendo el artículo indefinido “un”, que es más correcto que el artículo definido “el”, usado por RV y LBLA.

En 9:26 encontramos en ambas versiones la peor “traducción” posible, si es que se la puede llamar traducción, al expresar incorrectamente el término. RV dice “se quitará la vida al Mesías, y no por sí”, y LBLA dice: “el Mesías será muerto y no tendrá nada”. Evidentemente, ambas “traducciones” fueron hechas teniendo en mente una doctrina y no el texto original. Si bien el concepto no es totalmente claro, en hebreo no habla de matar o quitar la vida, simplemente usa el término יכרת (yakar) que implica “separado”, “cortado”, “quitado”, y se refiere a un ungido – ya que aquí el término משׁיח (mashiaj) no lleva artículo, y por lo tanto no es “el” mesías sino “un” ungido, el cual es quitado, cortado (él, no su vida) y luego, como bien traduce esta vez LBLA, “no tendrá nada”, lo cual implica que no ha sido asesinado, sino quitado de alguna parte, y por lo tanto, después de haber sido quitado, no le quedará nada. En este caso también la BdJ traduce un poco mejor: “un mesías será suprimido, y no habrá para él”, siendo el término “suprimido” más bien ambiguo, pero no implica necesariamente que sea muerto.

En 9:27, LBLA dice correctamente “hará un pacto firme”, usando el artículo indefinido, pues no habla de “el” pacto, ni de “confirmarlo”, sino simplemente que hará un pacto, nuevo, no confirmará alguno ya precedente. La BdJ dice: “concertará con muchos una firme alianza”. Y para concluir, en este mismo versículo, RV y LBLA dicen dos cosas totalmente opuestas: “se derramará la ya determinada [entera consumación] sobre el pueblo asolado” (RV), “una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador” (LBLA). ¿Quién será destruido completamente, el pueblo asolado, como dice RV, o el desolador, como dice LBLA? Este pasaje demuestra la dificultad de los traductores para traducir una frase que no presenta ninguna dificultad, a menos que se tenga en mente una doctrina y por lo tanto se la quiera acomodar a la misma. En este caso, LBLA expresa el término correcto, pues quien será totalmente destruido es el desolador y no el pueblo asolado. También coincide en esto la BdJ.

Este pasaje de la Biblia es uno de los más maltratados y malinterpretados de todas las Escrituras, además de ser uno de los que peor han sido traducidos. En las versiones “revisadas” de la Biblia, con este texto más que revisión se ha hecho revisionismo.

Pasemos ahora a una traducción correcta, antes de entrar en el contenido del mismo:

Daniel 9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y terminar el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer justicia perpetua, y sellar la visión y la profecía, y ungir el Lugar Santísimo.
9:25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta un ungido príncipe, habrá siete semanas, y por sesenta y dos semanas se volverán a edificar la plaza y el muro, en tiempos angustiosos.
9:26 Y después de las sesenta y dos semanas un ungido será despojado, y no tendrá nada: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y estará en ruinas y habrá guerras hasta el fin.
9:27 Y en otra semana firmará un pacto con muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones habrá desolación, y esto hasta que se consume enteramente y se derrame lo que ya ha sido determinado sobre el asolador.

Aparte de establecer la traducción correcta del texto, hay otros detalles que resolver, entre ellos, la cronología usada. La interpretación cristiana más difundida, además de basarse en los errores de traducción anteriormente citados, también utiliza como base para sus cuentas la cronología griega, que Daniel no conoció pues no llegó a vivir en los tiempos en que los griegos dominaron el Medio Oriente, aunque lo anunció, sino que usó la cronología hebrea. Además de esto, aún usando la cronología griega no es suficiente para satisfacer la “interpretación” que los teólogos quieren a la fuerza imponer, por lo tanto también han necesitado inventar decretos de reyes equivocados, para atribuir a los mismos fechas ficticias. Por eso nos será necesario aclarar no sólo el mensaje del texto, sino también quiénes fueron los reyes mencionados en la Biblia y cuáles fueron sus decretos, antes de pasar a la interpretación auténtica del relato bíblico.



Ya hemos visto que el inicio de la cuenta de las semanas es la salida de la “palabra”, y no de la “orden” para restaurar y edificar Jerusalem, y que no se trata de un edicto. La interpretación cristiana más difundida sin embargo es que se trata de un edicto de un rey, y honestamente, sólo encontramos un edicto que autoriza la reconstrucción de la ciudad, que es el de Ciro (2Crónicas 36:23, Esdras 1:2). Sin embargo, este edicto, al haber sido proclamado en el año 537 o 538 AEC del calendario convencional, no les es útil para las cuentas que necesitan sacar para acomodar la interpretación, por lo tanto atribuyen otro edicto a Artajerjes Longímano, suponiendo que este sea el rey del cual habla Esdras 7 y que lo que pronuncia en este capítulo sea un edicto para reconstruir la ciudad (¡que ya estaba reconstruida!).

Antes de determinar con la exégesis de la Escritura que la “palabra” de la cual habla Daniel no es un edicto, concedamos por el momento que se trata de tal. Para esto, necesitamos establecer: cuantos edictos hubo, y qué rey los promulgó. Comencemos por conocer los reyes de Persia de los cuales habla la Biblia, y específicamente Daniel, y los nombres que se les da en la historia bíblica y secular.

Según Daniel, habría sólo cuatro reyes en Persia que interesan a los propósitos de HaShem (si hubo más, como propone la cronología griega, éstos no tienen ninguna importancia profética ni histórica con respecto a Israel).

Daniel 11:1 Y en el año primero de Darío el de Media, yo estuve para animarlo y fortalecerlo.
11:2 Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aun habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos; y fortificándose con sus riquezas, despertará a todos contra el reino de Javán.

Darío el Medo era el rey Ciájares II ‒puesto por su yerno Ciro sobre Babilonia‒ que reinó sólo dos años y no fue rey de Persia, sino que Ciro lo era. Daniel anuncia que habrá otros cuatro reyes más en Persia (tres más el cuarto). Estos fueron: Ciro, Cambyses, Darío Hystaspes y Jerjes. Efectivamente, el cuarto de ellos fue el más rico de todos, y quien comenzó a perder las guerras de Persia contra Grecia (Javán), hasta que Alejandro terminó con el reinado de los persas. Si tenemos en cuenta un usurpador del trono como tercero de los reyes, el cuarto sería Darío, que coincide mejor con la profecía “despertará a todos contra el reino de Javán”, pues es en realidad quien inició las guerras contra Grecia, y también acumuló más riquezas que los anteriores. Sea como fuere que consideremos la cuenta, para Daniel, sólo estos cuatro reyes tienen importancia en relación a Israel, y aquí no vemos a Artajerjes Longímano, que según la cronología oficial sucedió a Jerjes I.

Sin embargo, antes de ver a quién se llama Artajerjes en la Biblia, supongamos que se trate del tal Artajerjes Longímano y que éste haya dado un edicto “para restaurar y edificar a Jerusalem”. Este supuesto edicto está en Esdras 7:11-26, que establece:

Esdras 7:13 - que cualquiera que quisiere en mi reino, del pueblo de Israel y de sus sacerdotes y Levitas, ir contigo a Jerusalem, vaya.
‒ o sea que Jerusalem ya existe, la carta establece que quien quiera ir, que vaya.

7:14 - eres enviado a visitar a Judea y a Jerusalem.
7:15,16 - a llevar la plata y el oro que el rey y sus consultores voluntariamente ofrecen al Elohim de Israel, cuya morada está en Jerusalem.

‒ el rey dispone oro y plata para ofrecer al Elohim de Israel, cuya morada ESTÁ en Jerusalem, ya está allí, no es que se la debe construir.

7:17 - ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Elohim que está en Jerusalem.
‒ ordena ofrecer sacrificios en el Templo, que ya ESTÁ en la ciudad de Jerusalem, ya reconstruida (completado en el año sexto del reinado de Darío – Esdras 6:15).

7:19 - los vasos que te son entregados para el servicio de la casa de tu Elohim.
7:20 - lo demás necesario para la casa de tu Elohim que te fuere menester dar, daráslo de la casa de los tesoros del rey.

‒ el rey autoriza usar fondos del tesoro de la corona para servicio del Templo.

7:21-23 - hasta cien talentos de plata, y hasta cien coros de trigo, y hasta cien batos de vino, y hasta cien batos de aceite; y sal sin tasa.
‒ el rey establece cantidades a disposición de Esdras para servicio del Templo.

7:24 - ninguno pueda imponerles tributo.
‒ el rey determina la exención de impuestos para los que sirven en el Templo.

7:25 - pon jueces y gobernadores… a todos los que tienen noticia de las leyes de tu Elohim; y al que no la tuviere le enseñaréis.
‒ el rey autoriza a Esdras a poner magistrados, y a enseñarles la Ley de Israel a quienes no la conozcan.

7:26 - y cualquiera que no hiciere la ley de tu Elohim, y la ley del rey, prestamente sea juzgado, o a muerte, o a desarraigo, o a pena de la hacienda, o a prisión.

¿Alguien ve en este decreto una “orden para restaurar y edificar Jerusalem”? Creo que sólo los teólogos dispensacionalistas la ven, pero nadie que lea el texto atentamente puede atribuir este decreto a la palabra de la cual habla Daniel 9:25. Por lo tanto, queda descartado este presunto edicto de Artajerjes para tomarlo como inicio de la cuenta de las semanas, simplemente porque no responde a ninguno de los parámetros descriptos en el relato.

Por otra parte, también es necesario establecer quién es este “Artajerjes” del cual habla Esdras. El término Artajshasta (Artajerjes) no es un nombre sino un título, que significa “gran rey” o “rey de reyes”, y es el título que se da a sí mismo el rey de Persia, tal como lo encontramos en Esdras 7:12 “Artajerjes, rey de reyes”, primero escrito en persa, y luego su traducción en hebreo, Artajshasta melej mlajim. Este título se daba a sí mismo Darío Hystaspes. O sea que Esdras está hablando del mismo Darío, no de otro rey. Es común en hebreo reiterar un mismo concepto usando dos nombres distintos, por ejemplo: “Por lo cual el Elohim de Israel movió el espíritu de Pul, rey de Asiria, o sea, el espíritu de Tiglat-Pileser, rey de Asiria” (1Crónicas 5:26), siendo Pul y Tiglat-Pileser la misma persona; o “Bel es confundido, deshecho es Merodac” (Jeremías 50:2), siendo Bel y Merodac el mismo. En este caso, también Esdras usa los dos nombres del rey Darío. Notemos que en el capítulo anterior, Esdras 6:15,16 dice: “Y esta casa fue acabada al tercer día del mes de Adar, que era el sexto año del reinado del rey Darío. Y los hijos de Israel, los sacerdotes y los Levitas, y los demás que habían venido de la trasportación, hicieron la dedicación de esta casa de Elohim con gozo”. Luego el capítulo 7 inicia diciendo: “Después de estas cosas, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia” - la palabra hebrea traducida “después” es “ajar”, e indica un momento sucesivo, inmediato, no después de mucho tiempo. Además, si se tratara de Artajerjes Longímano, ¿qué pasó con Jerjes? ¿Por qué Esdras lo ignoraría completamente, habiendo reinado durante 20 años entre Darío Hystaspes y Artajerjes Longímano? ¿Y pasaría por alto Esdras la conspiración de Hamán, y todo lo que relata el Libro de Esther? (suponiendo que el Assuero de Esther sea Jerjes, como afirman muchos) Y además de todo esto, ¿Cuántos años vivió Esdras, para estar presente en el quinto año de Darío y todavía conducir un pueblo en el año séptimo de Artajerjes Longímano, 57 años más tarde?

Hay todavía otra evidencia en el Libro de Esdras que nos indica que el nombre “Artajerjes” es usado como un título:

4:6 Y en el reinado de Assuero, en el principio de su reinado, escribieron acusaciones contra los moradores de Judá y de Jerusalem.
4:7 Y en días de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel, y los demás sus compañeros, escribieron a Artajerjes rey de Persia.
4:24 Cesó entonces la obra de la casa de Elohim, la cual estaba en Jerusalem: y cesó hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia.
5:5 Mas los ojos de su Elohim fueron sobre los ancianos de los Judíos, y no les hicieron cesar hasta que el negocio viniese a Darío: y entonces respondieron por carta sobre esto.

Aquí Esdras dice que se escribieron acusaciones “en el reinado de Assuero”. Aparentemente, no dice absolutamente nada más acerca de las mismas. Sin embargo, Esdras es muy preciso en dar detalles de todas las cartas que se envían al rey de Persia, y sus respuestas. Pero en este pasaje vemos que directamente pasa a describir detalladamente quienes escribieron dichas acusaciones, “en días de Artajerjes”. Aquí también se reitera un mismo concepto usando dos nombres distintos: este Assuero es el mismo rey que sucesivamente es llamado Artajerjes. Y por si todavía subsiste alguna duda, notemos que este “Artajerjes” no es posterior a Darío I, sino que lo precede, porque después de esta orden (de este Artajerjes) de suspender la obra, esta situación se mantuvo “hasta el año segundo del reinado de Darío”. Esdras indudablemente no usa los mismos nombres que los griegos transmitieron a la historia convencional ‒ en la cronología de Esdras, la sucesión de los reyes de Persia es como sigue: Ciro, Assuero (Artajerjes en 4:7) y Darío (Artajerjes en 7:1). El Assuero-Artajerjes de Esdras debe ser identificado con el Cambyses de la historia convencional, pues sucede a Ciro y precede a Darío. El cuarto rey de Persia es el Jerjes I de la historia, que no tiene trascendencia en las Escrituras.

Para profundizar este argumento sobre las identidades de los distintos reyes de este período, ver Controversias Cronológicas o específicamente Assuero, Artajerjes.



Por lo tanto, aunque la “palabra para restaurar y edificar Jerusalem” de la cual habla Daniel 9:25 no es un edicto, aún si lo fuera, el único edicto que existió fue el de Ciro el Grande, en el año 537 o 538 AEC del calendario convencional, el cual excluye toda posibilidad de acreditar la interpretación dispensacionalista, y como hemos visto, no existió ningún decreto similar por parte de Artajerjes Longímano, del cual la Biblia ni siquiera hace mención alguna.

Habiendo establecido este punto, pasaremos a estudiar el contenido del relato de las 70 semanas de Daniel, a partir de la traducción literal:

Daniel 9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y terminar el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer justicia perpetua, y sellar la visión y la profecía, y ungir el Lugar Santísimo.
9:25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta un ungido príncipe, habrá siete semanas, y por sesenta y dos semanas se volverán a edificar la plaza y el muro, en tiempos angustiosos.
9:26 Y después de las sesenta y dos semanas un ungido será despojado, y no tendrá nada: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y estará en ruinas y habrá guerras hasta el fin.
9:27 Y en otra semana firmará un pacto con muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones habrá desolación, y esto hasta que se consume enteramente y se derrame lo que ya ha sido determinado sobre el asolador.

En 9:24 se enumeran seis propósitos para los cuales se han determinado 70 semanas de tiempo:
• acabar la prevaricación
• terminar el pecado
• expiar la iniquidad
• traer justicia perpetua
• sellar la visión y la profecía
• ungir el Lugar Santísimo
Ninguno de estos propósitos se cumplió, por lo tanto el mal anunciado sobrevino. Las 70 semanas fueron un plazo en que el pueblo de Judá fue puesto a prueba, así como cuando Israel entró en la Tierra Prometida, se le establecieron propósitos, los cuales al no haber sido cumplidos trajeron como consecuencia las deportaciones y el exilio. En todo el capítulo, Daniel hace referencia a estos hechos. Ahora nuevamente, siendo que el exilio era el inicio de la purificación del pueblo, una vez terminado había que completar esa purificación, para evitar otra destrucción de la ciudad y otro exilio.
La interpretación forzada que proponen algunos teólogos de que estas cosas se cumplieron con la muerte de Yeshua evidentemente no tiene fundamento alguno, pues la transgresión y el pecado no han sido eliminados, ni la injusticia, ni se ha completado la visión ni la profecía, ni tampoco se ha ungido el Lugar Santísimo del Templo, sino lo contrario, ha sido destruido como más adelante lo anuncia.

Ahora tratemos de determinar el comienzo de este periodo de 70 semanas. Como es correcto hacer en toda exégesis, no se debe tomar el pasaje aislado, sino en el contexto del capítulo, del libro y de las Escrituras. En el comienzo del capítulo, encontramos una pregunta que se hace Daniel, a la cual recibe como respuesta el anuncio de las 70 semanas.

Daniel 9:1 En el año primero de Darío hijo de Assuero, de la nación de los Medos, el cual fue puesto por rey sobre el reino de los Caldeos;
9:2 En el año primero de su reinado, yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra de YHVH al profeta Jeremías, que había de concluir la asolación de Jerusalem en setenta años.

Este es el mismo Darío el Medo de Daniel 11:1, al cual le fue anunciado que después de él habría otros cuatro reyes de Persia. Se trata de Ciájares II, hijo de Astiages, que “fue puesto” por rey sobre Babilonia por su yerno Ciro, el primero de los reyes de Persia en la visión de Daniel. Esta misma expresión, “fue puesto”, indica que había alguien por encima de él que le dio esa posición. Por eso, no debemos confundir a este Darío con Darío Hystaspes, ni a este Assuero con el de Esdras y Esther. Como podemos comprobar, los nombres de reyes persas en la Biblia no necesariamente coinciden con los de la historia secular.

La pregunta de Daniel fue si ya se había cumplido el tiempo de la asolación de Jerusalem, y hace una oración pidiendo que “se aparten ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalem, tu santo monte” (9:16), por lo cual vino Gavriel y le dio una respuesta, para que Daniel tuviera sabiduría (haskalah) y entendimiento (binah), como traduce LBLA en 9:22. Y en referencia a esto, dice: “desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem”. ¿A qué palabra se refiere, y quién la pronunció? En 9:2 nos lo dice: “palabra de YHVH al profeta Jeremías”. Esta es la palabra que salió para restaurar y edificar Jerusalem! ¿Cuándo? Apenas la ciudad fue destruida, salió la promesa de su restauración, y eso fue en el año 586 AEC del calendario convencional. Fue una palabra profética, no un edicto. Y como podremos comprobar, 49 años después (7 semanas), surgió el “ungido príncipe” y comenzó la reconstrucción de la ciudad.

Leamos nuevamente el versículo 9:25 y desglosémoslo:
“Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta un ungido príncipe, habrá siete semanas, y por sesenta y dos semanas se volverán a edificar la plaza y el muro, en tiempos angustiosos”.

Hay claramente dos periodos bien definidos, a saber:
1) desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta un ungido príncipe, habrá siete semanas.
2) por sesenta y dos semanas se volverán a edificar la plaza y el muro, en tiempos angustiosos.

Primero, hay un periodo de siete semanas, es decir, 49 años, entre la palabra que pronuncia la restauración de la ciudad y el ungido príncipe. Luego, al inicio de las 62 semanas sucesivas, comienza la reconstrucción de la ciudad. Esto nos indica claramente que la palabra no es un edicto, pues la reconstrucción comenzó inmediatamente desde el edicto de Ciro, y no 49 años más tarde. Tampoco podemos identificar a ningún ungido príncipe que tenga alguna importancia 49 años después del edicto de Ciro (ni mucho menos después de otros presuntos edictos que ya hemos visto que no existieron). Quien es este ungido príncipe, las mismas Escrituras nos lo dicen – la Biblia se interpreta a sí misma, no necesita intérpretes. Veamos quién es:

Isaías 44:26 Yo soy el que confirmo la palabra de su siervo, y cumplo el propósito de sus mensajeros; que dice a Jerusalem: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reedificadas serán, y sus ruinas levantaré;
44:28 Que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, en diciendo a Jerusalem, Serás edificada; y al templo: Serás fundado.
45:1 Así dice YHVH a su ungido (משׁיחו – mashiaj), a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar gentes delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán:
45:2 Yo iré delante de ti, y enderezaré las tortuosidades; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos;
45:3 Y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados; para que sepas que yo soy YHVH, el Elohim de Israel, que te pongo nombre.
45:4 Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; púsete sobrenombre, aunque no me conociste.

Así es, la única vez que aparece la palabra “mesías” en todo el Libro de Isaías se refiere al Rey Ciro el Grande. Sin embargo, en todas las versiones de la Biblia se ha traducido correctamente como “ungido”. Esta misma palabra “mashiaj” aparece en varios otros pasajes del TaNaJ, en referencia a distintas personas, no necesariamente “salvadores”, por ejemplo, Saúl (1Samuel 24:6,10; 26:16; 2Samuel 1:14,16, 21), o David (2Samuel 19:21; 23:1), o al Rey de Judá (Lamentaciones 4:20), y sin embargo, sólo en Daniel los traductores han optado por usar “mesías” en lugar de “ungido”. ¿Con qué criterio? Si bien ambas traducciones son correctas, mientras el significado para el lector hebreo es claro, para la mayoría de los lectores cristianos el significado del término “mesías” es sinónimo de “Cristo”, y por ende, lo relacionan con Yeshua. Si hubiesen traducido Isaías 45:1 “Así dice YHVH a su mesías, a Ciro” hubiera sido igualmente correcto y habrían ayudado al lector de la Biblia a entender de quién estaba hablando Daniel. Continuamos con otro pasaje que nos confirma que la “palabra” fue la de Jeremías, y el “mesías príncipe” que la cumplió fue Ciro:

Esdras 1:1 En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de YHVH por boca de Jeremías, movió YHVH el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pasar pregón por todo su reino, y también por escrito, diciendo:
1:2 Así ha dicho Ciro rey de Persia: YHVH Elohim de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalem, que está en Judá.

Y ya hemos resuelto el enigma, “para que se cumpliese la palabra de YHVH por boca de Jeremías”. ¿Qué palabra? La de restaurar y edificar a Jerusalem. ¿Quién la hace cumplir? El ungido príncipe, o sea, Ciro el Grande. ¿Cuándo? Exactamente 49 años después que la palabra fue pronunciada, en el año 537/538 AEC, y a partir de allí, comienza el segundo período, las 62 semanas en que se edifican la ciudad y el Templo, en tiempos difíciles. La revelación llegó a Daniel cuando el primer periodo de siete semanas estaba próximo a concluir, cuando el ungido príncipe (o mesías príncipe) daría cumplimiento a la palabra de restaurar Jerusalem.

Hay otro detalle interesante con respecto al momento en que fue dada esta revelación profética –“en el año primero de Darío hijo de Assuero, de la nación de los Medos”–, y es una información que Daniel nos provee acerca de este rey:

Daniel 5:31 Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años.

Es notable que en toda la Biblia, este es el único rey gentil del cual se menciona su edad cuando comenzó su reinado. ¿Qué importancia tendría esa información, si no estuviera de alguna manera relacionada con todo el contexto del libro? Sería un versículo aparentemente irrelevante, si no fuera que contiene un indicio para interpretar la visión que Daniel recibiría en ese mismo año sobre las setenta semanas: siendo ya inminente la conclusión de las primeras siete semanas, Darío inicia su reino a la edad de 62 años, como señal del comienzo del periodo de 62 semanas. No es sólo una coincidencia.

El segundo periodo inicia precisamente con la reconstrucción de la ciudad, es decir, en al año 537 AEC del calendario convencional. Y poco tiempo después, comienzan los tiempos angustiosos, parte de los cuales describen Esdras, Nehemías y Esther. En este mismo periodo transcurren los hechos anunciados en Daniel 11:5-45, los cuales también fueron revelados a Daniel en el mismo año, el primero del reinado de Darío el Medo. Ambas visiones están relacionadas.
Y es también en este contexto que surge la celebración de Hanukkah, o fiesta de la Dedicación, la cual es mencionada en el Evangelio de Yohanan 10:22, en la que participó Yeshua. Esta fiesta conmemora la restauración del sacrificio y la ofrenda en el Templo después de tres años y medio en que habían sido suspendidos por el perverso rey seléucida Antioco IV.



A este punto, es necesario considerar dos cronologías distintas: la lineal y la rabínica o “Seder Olam”. El Seder Olam tiene en cuenta exclusivamente los datos bíblicos, por lo cual concluye el período persa con la muerte del “cuarto rey” mencionado por Daniel, y reinicia la cuenta a partir de Alejandro Magno.
Y aquí es donde comienzan las discrepancias cronológicas.
La historia oficialmente aceptada del Imperio Aqueménida se basa en los relatos de historiadores griegos, principalmente Ctesias de Cnidos –que a su vez difiere de los relatos de Herodoto y aún más de los de Xenofonte–, pero no existe ningún documento persa posterior a Darío Hystaspes. Es notorio que los historiadores griegos sobre el Medio Oriente han escrito novelas de ficción y no historia, cambiando nombres de reyes o traduciéndolos en nombres inverosímiles, inventando personajes, historias, anécdotas, etc.
Es también sumamente extraño que no existe historia judía entre el Assuero de Esther (que es posible que sea el mismo Darío Hystaspes) y Alejandro Magno. No hay nada en absoluto que se refiera al periodo que supuestamente, según la historia oficial basada en los relatos griegos, iría desde Artajerjes I hasta Darío III, ocho reyes! Es como si los judíos hubieran desaparecido de la historia durante todos esos reinados, de los cuales sólo dan testimonio los griegos (ni los mismos persas dejaron alguna constancia). Tampoco hubo, según la historia oficial, ningún hecho importante durante esos ocho reinados aparte de intrigas de corte, ninguna rebelión, ninguna guerra, todas las provincias pagaban sus tributos sin protestar… una situación insólita para que se haya prolongado por casi un siglo y medio.
En la historia actualmente conocida como oficial (o sea, los relatos griegos), no hay lugar por ejemplo para Esther, por lo cual el libro homónimo sería considerado solamente una novela… pero la fiesta de Purim no se puede haber originado en una novela, algo debe haber ocurrido en la realidad para que sea conmemorada hasta hoy, igualmente que Hanukkah (que habiendo sido instituida en periodo griego está mejor documentada).
Por lo tanto, siguiendo la cronología griega sobre el Imperio Persa Aqueménida, no se llega a ninguna conclusión coherente con las 70 semanas. Si bien durante el periodo seléucida (o sea, ya dentro del cómputo de la cronología hebrea así como de la griega) hubo “un ungido que fue despojado, y no tuvo nada”, que fue el último Kohen Gadol legítimo, Honio (Onías III), quien fue quitado de su cargo y suplantado por los usurpadores saduceos –éste puede ser el “príncipe del pacto” de Daniel 11:22 y también el “maestro de justicia” de los esenios, del cual hablan algunos escritos de los Rollos de Qumran– esto sucedió durante las 62 semanas y no en la semana 70 como anuncia Daniel. De hecho, el Templo y los muros se siguieron construyendo en tiempos de Hurdus (Herodes).
También, después que Onías fue despojado de su cargo de Kohen Gadol, hubo quien en “otra semana firmó un pacto con muchos, y a la mitad de la semana hizo cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones hubo desolación”, y ese tal fue el impío rey seléucida Antioco IV, pero este hecho tampoco sucedió en la última semana, sino dentro de las 62. Y después que “se derramó lo que ya ha sido determinado sobre el asolador”, en referencia a la muerte infame que tuvo Antioco, uno de los seis propósitos mencionados en 9:24 se cumplió, al menos temporalmente, porque se “ungió el Lugar Santísimo”, lo que dio inicio a la celebración de Hanukkah.
Por lo tanto, si tomamos como base la cronología oficial, que se basa en los historiadores griegos y no en las Escritura ni en los historiadores judíos, no hay manera alguna de interpretar las 70 semanas en términos de tiempos, sino sólo podemos constatar hechos efectivamente sucedidos que coinciden con los anunciados. Además, deberíamos considerar la historia de Esther una fábula. La única alternativa coherente con la Biblia es la cronología del Seder Olam, que del reinado de Jerjes I, que es el cuarto rey mencionado por Daniel, pasa al dominio griego. Paradójicamente, esta cronología favorecería más a la tesis cristiana que el cómputo ficticio elaborado en base a la cronología convencional, aunque igualmente subsistiría una diferencia de alrededor de 40 años (lo cual igualmente tendría sentido si tomamos las palabra de Yeshua “de cierto os digo, que no pasará esta generación, que todas estas cosas no acontezcan” como refiriéndose a la generación presente cuando pronunció estas palabras).
Entonces, si tomamos como fundamento solamente la Biblia y los documentos históricos autóctonos (o sea de los mismos protagonistas de los hechos narrados, judíos y persas), logramos entender la cronología bíblica.

Hemos visto que la cronología bíblica no coincide con la convencional, basada en las versiones griegas de la historia de Persia. Actualmente los estudiosos reconocen que los historiadores griegos no son para nada confiables en cuanto a la historia de Asiria y Babilonia, que es completamente diversa de la relatada por los documentos asirios y babilonios encontrados, los cuales sí coinciden con los relatos bíblicos. Sin embargo, aún les dan crédito acerca de la historia del Imperio Persa, siendo que no hay documentos persas sobre la misma (porque supuestamente fueron destruidos por Alejandro Magno), a excepción de la Roca de Behistún y el Cilindro de Ciro.

Según los griegos, hubo ocho reyes después de Jerjes I, los cuales se llaman todos Artajerjes o Darío, sin tener en cuenta que Artajerjes no es un nombre sino un título, y que es el título que se dio a sí mismo el rey Darío Hystaspes, o sea, Darío I de la versión griega y convencional. Durante el reinado de estos presuntos ocho reyes, sólo hay intrigas de corte (las cuales pueden ser las mismas que ocurrieron durante el reinado de un solo Darío, que es el mismo Artajerjes, y del Assuero bíblico) y misteriosamente, fueron tiempos de paz, no hubo guerras contra Grecia (guerras que inició Darío cuando conquistó el Egeo, y continuó Jerjes, cuando comenzó a perder esos mismos territorios, guerras que sin embargo se reanudan con el último rey, el presunto “Darío III”), tampoco hubo rebeliones de las provincias, y lo más extraño, como ya hemos dicho, no hubo historia judía!

El único testimonio persa que hallamos es la Inscripción de Behistún, la cual armoniza con el relato bíblico y desacredita los relatos de Herodoto atinentes al mismo periodo. Entonces nos encontramos ante una elección: o aceptar la cronología de Daniel, que afirma que habría cuatro reyes en Persia y luego vendría el rey de Grecia cuyo reino sería repartido, y este es Alejandro Magno, o aceptar la cronología griega. Sería una contradicción aplicar la cronología griega a una profecía bíblica, la cual se basa en la cronología hebrea, para acomodarla a una teología. Daniel, Esdras, Nehemías y Esther no encuentran lugar en la cronología convencional, pero encajan perfectamente en el Seder Olam (cronología hebrea).

Volvamos entonces al texto:

9:26 Y después de las sesenta y dos semanas un ungido será despojado, y no tendrá nada: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y estará en ruinas y habrá guerras hasta el fin.
9:27 Y en otra semana firmará un pacto con muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones habrá desolación, y esto hasta que se consume enteramente y se derrame lo que ya ha sido determinado sobre el asolador.

En la exégesis de este pasaje encontramos algunos elementos clave:
• después de las sesenta y dos semanas – es decir, en la última semana, la 70
• un ungido será despojado, y no tendrá nada
• el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario
• habrá guerras hasta el fin – cuando esta semana haya concluido, las guerras seguirán hasta el fin de los tiempos.
Esta misma semana es descrita con diferentes detalles – así como Génesis 2 es un relato paralelo de Génesis 1 mencionando detalles distintos, también 9:27 es una repetición de 9:26, añadiendo lo siguiente:
• en una semana firmará un pacto con “muchos”
• a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda
• habrá desolación, y esto hasta que se consume enteramente y se derrame lo que ya ha sido determinado sobre el asolador – la guerra trae desolación, y ésta durará hasta el fin de los tiempos, cuando el asolador sea destruido.

Todos estos elementos son narrados minuciosamente por Josefo en “Guerras Judías”. Antes de describirlos, es importante mencionar que Josefo afirma que el segundo Templo fue destruido exactamente 490 años después del primer Templo, es decir, 70 semanas desde que salió la palabra por el Profeta Jeremías, confirmando la cronología bíblica y la del Seder Olam.

Pasemos a los sucesos de la última semana:
En el año 66 comienza la Primera Guerra Judía. En ese año el último Kohen Gadol, Matatías ben-Teófilo es destituido de su cargo y reemplazado por un revolucionario que no es de estirpe sacerdotal. Este es el ungido que sería cortado, y no tendría nada – un ungido puede ser sólo un rey o un sumo sacerdote, y esto sucedió exactamente después de las sesenta y dos semanas, como anuncia Daniel. Es posible que sea el Teófilo a quien Lucas envía sus relatos sobre la vida de Yeshua y los Hechos, considerando que el Evangelio de Lucas contiene fuertes indicios de haber sido escrito para convencer a un saduceo.
Cuando comienza la revolución, el príncipe romano Tito hace un pacto con muchos para reprimir a los rebeldes judíos. En las Escrituras, “muchos” son siempre los gentiles. En ninguna parte de esta visión de las 70 semanas se alude a algún pacto firmado por Israel, porque Israel es siempre llamado por nombre, nunca es “muchos”. Y el pacto de Tito fue la firme determinación de destruir Jerusalem, lo que sucedió exactamente tres años y medio desde el inicio de la guerra, en el año 70 EC – la guerra había comenzado en el año 66 EC. Y entonces, en la mitad de la semana, cesaron el sacrificio y la ofrenda porque el Templo fue destruido. La guerra continuó por otros tres años y medio, concluyendo con la caída de Masada (año 74 EC), que marca el fin de la última semana, la 70. Desde entonces, en el lugar donde estaba el Templo hay desolación, y las guerras continúan, hasta el fin, es decir, hasta la venida del Mesías.

Resumen del cumplimiento de la visión de las 70 semanas en detalle, según la cronología bíblica:

9:25 Sepas pues y entiendas, que
• desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem

– palabra dada por el Profeta Jeremías a partir de la destrucción de Jerusalem por Nabucodonosor.
• hasta un ungido príncipe, habrá siete semanas
– Ciro, rey de Persia, asumió el reino 49 años después de la palabra profética de Jeremías.
• y por sesenta y dos semanas se volverán a edificar la plaza y el muro, en tiempos angustiosos.
9:26-27 Y después de las sesenta y dos semanas
• un ungido será despojado, y no tendrá nada:

– Matatías ben-Teófilo, último Kohen Gadol.
• y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario
– los romanos, pueblo de Tito.
• y estará en ruinas y habrá guerras hasta el fin.
– el lugar del Templo sigue en ruinas, y continúan las guerras.
• y en otra semana firmará un pacto con muchos
– los romanos pactaron con otros enemigos de los judíos.
• y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda
– a los tres años y medio del comienzo de la guerra (año 66 EC), Jerusalem fue destruida, y el Templo, y cesaron hasta hoy los sacrificios y la ofrenda (año 70 EC).
• después con la muchedumbre de las abominaciones habrá desolación, y esto hasta que se consume enteramente y se derrame lo que ya ha sido determinado sobre el asolador
– “después” de esa última semana, o sea, ya terminadas las 70, repite el concepto anterior, en el lugar del Templo hay desolación, y una abominación construida en su lugar, y esto será hasta que llegue el fin, cuando el Mesías restaurará el Reino y destruya al desolador.

De esta manera se entiende la visión, y su interpretación, a la luz de los acontecimientos históricos verificados.
Para finalizar, es oportuno aclarar que en la simbología hebrea el número 70 es indivisible y aunque se refiera a periodos distintos, especificados, comprendidos dentro de este número (como en este caso, 7+62+1), deben siempre ser continuos y consecutivos, no pueden existir paréntesis entre un periodo y otro.


 

 

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